domingo 08 2024

Casi nada

 

Ahora sé que pedía mucho,

me dieron muy poco,

casi nada.

Ausencia que desgarra las venas

y teje huellas con dagas de fuego.


La escasez urdía el hilo de la vida.

El vértigo se abría bajo los pies

en espirales trágicas,

polvo de extravío.


Anhelar era guerra perdida

cuerpo golpeado,

sentidos extenuados.

Aún no sabía, que no

hay respuestas.


A veces,

sucedía algo inédito,

no marcado por la mentira, o

por tener que convencer o atraer.


Entonces brotaban las estrellas

mis ojos descubrían la luz,

y el corazón,

soporte del alma

en su desvarío,

dejaba de yacer a la deriva.


Charo, diciembre 2024





La duda

Un soplo separa las aguas

dejando el fondo visible,

solo un palmo al abismo, un salto.

Indecisa, busco las orillas,

palpo la arena con los pies,

se hunden, no avanzan.

¡Heme aquí otra vez

con la duda en los brazos!

la que subyace incandescente

con fuerza incontenible,

la que no quiere certezas.

 

Esta terca incertidumbre

deja la escalera al aire

sin alas y sin agarres.

La gravitación me somete

con el ansia en vela

a un suelo resbaladizo.

Y siento el zureo de las piedras

con la mirada cautiva

al borde del precipicio.


Piedad, diciembre 2024












miércoles 06 2024

Un frío blanco

 

Tiembla el sol y perfila los sauces,

el arroyo brilla en su rumor,

y se desvanece la herrumbre.

El viento tibio desciende,

y un soplo me besa, si me amas.


Vuela tu sonrisa hacia lo alto

dejando húmedos los labios,

mientras la boca ardiente y febril,

sobre la tierra, se desangra.


Las raíces florecen y se abren

en una melódica danza.

La esperanza yace en tu abrazo,

nos arropa con un manto púrpura

que amarra la hierba templada.


Sonámbulo el bosque, murmura,

desnuda su brisa amarga;

a leña seca, resina y musgo,

cenizas caen de sus negros tallos,

labran su fértil hondonada.


Si solo nos queda el invierno,

sujeta esta mano agrietada,

aterida de niebla y frío,

el tiempo beberá la nevada.


Charo, noviembre 2024





Desorden

Se escapa la luz de las estrellas,

la noche canta sondeando el horizonte.

Una luna manchada de hollín

rezuma un frío envenenado.

Enciendo las luces,

me protegen del desamparo.

Hay un ser de humo,

luce un gesto sobrio en sus labios.

Un miedo indecible.

disfrazado de olvido,

retumba como el viento en los pinos.

Me queda la furia en los oídos

y un dolor en la mirada.

Un caos despiadado

orbitando entre nosotros

barriendo las ruinas.


Piedad, noviembre 2024



Foto Google

 

lunes 07 2024

La extrañeza

 


En las agónicas tardes estivales,

resuena la infancia;

luciérnaga que el aire hilvana a tu mirada,

engaño de la noche bajo sus halos estelares.


Tu ausencia araña el llanto dentro de mi,

¿quién detuvo tu sonrisa,

gritando vive? ¿quién, sin sentir,

este desgarro de la herida?


El olor de la lluvia inundaba la primavera,

y florecían las secas grietas

de nuestras manos,

saciando su carencia y sellando su secreto.


Una fría extrañeza se pasea por mis venas,

su relámpago ha cruzado mi desértico pecho,

alterando mi conciencia en doliente paradoja.


Navego, surcando los puertos mas peligrosos,

para acercarme al claro de un bosque,

y abandonar tantos rostros amados.


Camino hasta el mar,

y vomito estos pedazos de angustia,

que la marea oculta hacia su fondo,

un poco mas cada día.


Palpo con los dedos una roca dura e inerte,

agarro su urdimbre para no caer desvalida,

aunque sé que caigo desde hace tiempo,

hacia lo desconocido.


Charo, octubre 2024



                                                                    




Vértigo

Con las primeras luces, irresistibles,

sueñas con castillos íntimos,

profundos océanos, y más allá

donde la eternidad arde

donde la brisa

huele a estiércol y a espigas.

 

Pero ya no suenan los tambores

frente a la noche,

solo un silencio viviente,

y, aunque reverberan las largas sombras,

un aire inerte

deja olor a salitre.

 

Se incendian los cielos

y se hace noche repentina,

los altaneros ojos acogen

la luna en sus pupilas.

Los espejos multiplican las horas

retrocediendo la apariencia de la carne.

 

Solo el vértigo nos mantiene unidos

frente al abismo.

Las manos azules, palpitantes,

acarician la paredes

testigos del horizonte vertical

en la lejanía neblinosa.  

 

Piedad, octubre 2024




viernes 06 2024

Una palabra

 

Solo hay tumbas en los labios yertos,

furtivo refugio de los versos que palpitan

en mis sienes.


Hay un puñal clavado entre los tibios vientres,

rompiendo las rosas, mientras los pétalos

caen devorados por el viento.


En las lindes del miedo, crecen amapolas negras

atravesadas por arados de sangre y angustia, 

dobladas por la fatiga y la niebla.


Manos y pechos vacíos, cuerpos avergonzados,

fundidos en el hastío del dolor.

Un naufragio indolente, habita la noche y el día,

olas que cortan como dagas, 

en un mar que grita.


La tierra herida llora en los latidos de mis ojos,

que contemplan un crepúsculo que agoniza,

ante un eclipsado horizonte devastado.


Seres, como estrellas perdidas, deambulan

sin descanso como frías burbujas huecas.


Todo es batalla, 

delirante cortejo que golpea,

una matanza de conceptos sin esperanza.


La memoria sumergida 

en su propio duelo,

ansía una palabra sin vértigo, 

una palabra,

que nos pueda redimir de tanto infierno.


Charo, septiembre 2024

  

                                                                                                                  



Vientos de otoño


En los pliegues de un velo translúcido,

anexa al cordón umbilical

como nube a su sombra,

no deja entrar la luz.

Me pregunto si ve el cielo despejado

en ese caminar sin rumbo,

o si, como Sísifo, repite un tránsito

de resistencia, esperando

romper el hastío que la empuja.

Tal vez quiera contemplar la belleza,

la extrañeza de lo imperfecto,

sentir el burbujeo de la sangre,

el sol parpadear en sus pupilas,

un halo inesperado, silencioso

tras la huella de sus pasos,

un enjambre de dunas,

posa calidez en sus labios.

Caído el pétalo de la flor, sueña

el gemido del otoño

evocando las esporas en el viento.


Piedad, septiembre 2024




martes 16 2024

Antígona

                                                                 ISMENE.- "Tienes un corazón de fuego 

                                                                                     para lo que hiela de espanto"   

                                                                                    

Caminas descalza por el borde                        

de los álamos, sin miedo a ahondar

en los secretos del bosque, en los

renglones de lo no escrito. 

 

Huyendo de las notas armónicas

agitando las voces de los hombres,

bajo el azote de los ritos de tu estirpe.

 

Tu ardiente espíritu habita en los

límites de la cordura, fuera del bien

y del mal - sin lugar donde ampararte-

lejos de la humildad que te otorgan,

desobedeces la ley, te redimes

asida a lo Insoportable.

 

Sabes que la traición y la ignorancia

deben ser devorados por el fuego;

cuando el cielo se cubra de negras nubes,

de esfinges en llamas y cuerpos muertos.

 

El sol se ha eclipsado, ¡el miedo y

su yugo acalla la boca del hombre!

desde el filo de la herida sangras

dispuesta a perder todo lo que amas.

 

Eres el musgo colgante, que danza

con el viento y la lluvia, anhelando

una pálida existencia en lo invisible.

 

Mientras tus largas lagrimas caen de

tus afligidos ojos hasta tu alma rebelde.              


Charo, julio 2024

                                                      

Antígona dando el entierro a Polinices -
Sébastien Norblin (1825)

                 

lunes 15 2024

Fragmentos

 

Hay una ventana que grita,

un nicho que se ha vuelto ocre,

en la honda penumbra de su oquedad

un bosque oscuro y frío

crece salvaje.

Desprende fragmentos indelebles,

enredos de la memoria.

Libero los nudos ciegos con temor

con el lodo húmedo de cedros y orquídeas

pegado en los dedos,

una luciérnaga se ha quedado prendida

y un pájaro extraño cruza de rama en rama

marcando un profundo rastro

de sombras aleatorias.

Un soplo ligero en los párpados,

despeja el follaje

y respiro con los ojos cerrados

junto a los húmedos castaños,

en sus raíces, donde susurra un viento

que te empuja

hacia un mar de virutas luminosas.


Piedad, julio 2024



domingo 09 2024

Ecos de la montaña

             Buscando entre las grutas de los precipicios,

devorada por esta niebla de dudas,

eternas creencias se convierten en escarcha.

 

Susurran las rocas, hablan, en las laderas más altas,

las certezas mueren en los ecos de las montañas,

entre raíces de rebeldes flores y

musgo esmeralda.

 

Cae despacio, con su aleteo, un pájaro herido,

desde la orilla de un tronco desgarrado y solitario

acecha, libando, 

las ultimas gotas de aliento.

 

Miro hacia dentro, al abismo oscuro del armario,

donde vibran tus ojos, en un vaivén de resplandor

y penumbra, que abarca con sus destellos

la estela de un abrasado poniente.

 

Apuñalado por un rayo sangra el astro en el cielo,

cayendo vencidos

los labios, los párpados ciegos

y los dispersos vocablos.

Luz que conmueve la dentellada de la batalla,

mientras decrece el dolor que contiene

la verdad y la mentira.

 

El firmamento se llena de espejos vacíos y

silentes, salpicados por una luna nacarada.

Ahogo mis plegarias

en esa placidez nocturna,

que quiebra los nudos de la garganta.

 

Charo, junio 2024

                                            




En el margen


Un abrazo desolado, sin esperanza

en el eco extasiado de las estrellas,

inútil soledad que no encuentra lo divino,

transparente se acerca hacia nunca

crujiendo el viento.

En la explanada lo veo,

tan leve como un suspiro,

alejarse de la gravitación, navegando

como las caracolas hacia la flor del verso.

La claridad nos contiene en su evidencia:

un tacto fresco se derrama en los canales del cuerpo,

en la callada voz de las acacias

o en los gritos marineros golpeando la frente.


Hipérbole de la era que ya no es,

los guijarros levantan un muro de silencio

con  el vuelo ausente de los vientos

liberando la palabra del lenguaje.

En el espacio queda flotando la añoranza

de la lluvia fresca en el verano;

y en los márgenes de la sombra del abeto,

cauce de la línea sostenida, en perpetuo equilibrio

expulso el veneno

desplazada hacia los ocultos cielos

de centellas violáceas.

 

Piedad, junio 2024 




martes 07 2024

Desenredar la lluvia

Cayendo de sombra en sombra,

azotada por el destino, mientras se inicia

el ocaso en la arboleda de la memoria.

 

Cuelga sobre un pétalo una sílaba esquiva,

que las aves prendieron al albur de una caricia.

Unos temblorosos pasos liberan los grilletes:

llagas que perturban la memoria de los huesos.

 

Embruja el horizonte con su lúdico lamento,

huella que anidó en las raíces secas de mi pecho

(llanuras de escasez e invierno).

Las pérdidas desgarran las desiertas cicatrices,

hiedra que nombra el daño con pulsos febriles.

Me alientan esas manos que amasan el trigo,

tenaces frente al viento, y las oscuras sombras,

ese saber, del principio y del fin de los tiempos.

Esos brazos que encienden un sol en la noche,

que iluminan con sus llamas la puerta de salida,

a una crisálida en las lindes 

de la melancolía.

En ese instante de luz, va cambiando la herida

desatando el nudo eterno, entre el dolor y la vida.

Cayendo de sombra en sombra,

se desenreda la lluvia

que humedeció mis labios

en las primaveras de la infancia.

 

 

Charo, mayo 2024



  

                                           

Canción de cuna

En las frías noches melancólicas,

súbita y apabullante, emerge un compás farfullero

alterando los sentidos malogrados del tiempo.

Ácidos presagios componen una lamentable melodía,

mientras la casa se resquebraja

ante mi perpleja quietud.

Sin cimientos que cubran mi fortaleza,

la piel desgarrada respira el polvo de la desolación;

sin sonidos que cubran la extrañeza.

Una procesión de notas discordantes

forma una canción de cuna:

un ritmo amargo que estremece,

lamento que se clava en los oídos

descomponiendo en pedazos el ser.

Un resquicio de esperanza al alba

huye por la niebla espesa de mis ojos

colmando de un silencio apabullante

la vida que se degrada.

Pues no hay olvido al abrigo del dolor

ni perdón que se pose en el alma.


Piedad, mayo 2024




lunes 08 2024

Abarcar

 Abarcar las palabras, y sentir su sombra,

su silencio, su enigma.

Abarcar la herida, su lugar elegido, a través

de su sangrante latido.

Abarcar el dolor, que se nos dio en la mano,

y evaporó la nostalgia.

Abarcar el borde de las ramas más afiladas

del duro invierno.

Abarcar los rostros, que nos abandonaron

en las sombras de la noche.

Abarcar los cuartos fríos, los mendrugos de pan

en el vértice del barro y del viento.


Charo, abril 2024




domingo 07 2024

Renacer

Abandonar la ciudad que te vio nacer,

su intimidad entregada al tedio,

sus personajes de neón

con su brillo ultravioleta.

Tomar el camino a las afueras

hacia lugares recónditos.

Seguir las nubes viajeras

eternamente a la deriva,

¡sublimes!

ellas siempre comienzan.

Sentir la lluvia en la piel,

punzante y suave,

desvelar los secretos más ocultos.

 

Alcanzar los acantilados,

donde el mar

despliega su infinitud.

Sus habitantes dispares,

cantan en las profundidades

desvaneciendo el pensamiento;

bello esfuerzo para la última danza.

Arrancar el hielo

clavado en el corazón

y renacer en sus orillas

para ser como las olas.


Piedad, abril 2024




sábado 02 2024

Gaza

                                                                                               “La rosa se hizo herida y los arroyos,                                                                                                     sed”

                                                                                                                                    Mahmud Darwish


 

Aúllan los perros plegarias a los muertos.

El temblor de un ave detenida 

repunta el cañoneo,

mientras crecen gritos ahogados 

de un llanto infinito.

 

Niños sin aliento llorando en los precipicios del frío,

retorciendo sus brazos menudos 

bajo la tierra,

semidesnudos y fáciles de quebrantar.

 

Buscando el sostén de sus raíces de escarcha.

Sus escasas pertenencias han sido sepultadas,

y agonizan de espanto bajo la tierra muerta.

 

El mal, antropófago de angustia y dolor,

esa víbora, se ha tragado sus sueños.

 

Sollozando en las jaulas de su destino,

con las manos vacías y 

los ojos abiertos al cielo.

 

 

Su horizonte se ha sembrado de polvo y cenizas,

tras las ruinas calcinadas:

levantadas sobre el barro de sus anhelos.

 

Esos sueños que rompieron 

las bombas que hienden la tierra, y, 

atraviesan el silencio.

 

Mariposas efímeras extinguidas por el fuego negro,

con la mirada perdida en 

un abismo de hambre y miedo.

 

Nadie articula sus nombres, 

nadie abriga sus cuerpos.

 

Heridos están mis ojos de lágrimas amargas

¡hay tanta rabia en mi rostro macilento!

Dolor, espanto y rabia.

No quiero olvidar lo que somos,

no puedo ignorar lo que hacemos.



Charo, marzo de 2024


                                                                            



La voz perdida

No me llegan las palabras para vivir,

me supera el acontecer del desamparo,

cada hecho cuestiona otro hecho

en un diálogo imposible.

Ojos y oídos atados por el miedo:

plegarias sin verbo ni destino

en los huecos informes del olvido.

Alegoría de un misterio

que no expresa su existir

en este mundo que desdeña la huida;

el desertar de las hojas mustias

sin esperanza en la senda seca,

solo ruido que no suena,

pero calma la derrota.

¿Cuándo saber del silencio

y poder hacer la pregunta?

Me sobra la voz,

cae desvalida por la garganta

hasta los campos de trigo.

En el callar está todo contenido,

pero se extingue

como chispas de brasas.

Y no puedo atrapar lo que comprendo

tan efímero, tan inmenso.


Piedad, marzo 2024



domingo 04 2024

En las alamedas


Crece un centelleo en el fuego de la aurora,

que alumbra las alamedas

de un rocío bermejo,

levantando el vibrante latido de un pájaro

mientras rodea un irisado

estanque de silencio.

 

Todo se despierta en el temporal

del tiempo

erosionados espinos

son ásperos sentimientos,

la lluvia exhuma el barro

de raíces de siglos,

que fueron escarcha, y, son hoy,

delicados zarcillos.

 

Un amanecer de nácar

nos interroga vigilante,

azotando el enigmático

brillo de los deseos

sobre los juncos en llamas

de lo insondable,

 

Se van disipando las tinieblas,

cuando se lavan la cara los cerezos y,

recupero las palabras

en el furioso latir

de tu boca sobre el resurgir

de mi cuerpo.

 

Aturdida por el haz de una estrella,

envía el viento un cálido beso

hacia los labios, que beben su ansia.

 

La noche cercada y negra se despide,

desdichada y ebria de oscuridad.

 

El corazón expuesto a su soledad,

huye de la oscuridad,

y arde a orilla de los álamos,

donde los tibios senderos no causan dolor.  



Charo, febrero 2024






Ceniza y polvo

Se aleja el aroma de las gardenias,

una nube amenaza con su llanto,

las aves buscan refugio en las colinas

y los estridentes valles quedan en silencio.

La piel ya no habita el cuerpo.

 

Una libélula vuela descompuesta

perdida en un campo de rosas negras,

un cuervo graznando una despedida,

letanía que no me es ajena.

Racimos de tiempo detrás de mi espalda.

 

El poder del viento en las ramas del olmo

susurra lamentos a ojos sin misterio.

Y en las madrugadas, ya siempre pardas,

sueños de azalea amortajan el deseo.

Venas sin sangre, lágrimas sin agua.

 

Todo es ceniza y polvo

en el decrepito espacio de la memoria,

un gélido y distante verbo,

sin sol templado

ni promesa que lo sostenga.

 

Piedad, febrero 2024




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