“La
rosa se hizo herida y los arroyos, sed”
Mahmud Darwish
Aúllan los perros plegarias a los muertos.
El temblor de un ave detenida
repunta el cañoneo,
mientras crecen gritos ahogados
de un llanto infinito.
Niños sin aliento llorando en los precipicios del frío,
retorciendo sus brazos menudos
bajo la tierra,
semidesnudos y fáciles de quebrantar.
Buscando el sostén de sus raíces de escarcha.
Sus escasas pertenencias han sido sepultadas,
y agonizan de espanto bajo la tierra muerta.
El mal, antropófago de angustia y dolor,
esa víbora, se ha tragado sus sueños.
Sollozando en las jaulas de su destino,
con las manos vacías y
los ojos abiertos al cielo.
Su horizonte se ha sembrado de polvo y cenizas,
tras las ruinas calcinadas:
levantadas sobre el barro de sus anhelos.
Esos sueños que rompieron
las bombas que hienden la tierra, y,
atraviesan el silencio.
Mariposas efímeras extinguidas por el fuego negro,
con la mirada perdida en
un abismo de hambre y miedo.
Nadie articula sus nombres,
nadie abriga sus cuerpos.
Heridos están mis ojos de lágrimas amargas
¡hay tanta rabia en mi rostro macilento!
Dolor, espanto y rabia.
No quiero olvidar lo que somos,
no puedo ignorar lo que hacemos.
Charo, marzo de 2024

Precioso poema de una realidad que hiere sin cura de cicatrización. Salvajismo sin piedad, sin futuro.
ResponderEliminarRecordar para no olvidar. Un triste poema para recordar la barbarie de lo que es capaz el hombre. Hombres con la maldad a flor de piel.