No me llegan las palabras para vivir,
me supera el
acontecer del desamparo,
cada hecho
cuestiona otro hecho
en un diálogo
imposible.
Ojos y oídos
atados por el miedo:
plegarias sin
verbo ni destino
en los huecos
informes del olvido.
Alegoría de
un misterio
que no
expresa su existir
en este mundo
que desdeña la huida;
el desertar
de las hojas mustias
sin esperanza
en la senda seca,
solo ruido que
no suena,
pero calma la
derrota.
¿Cuándo saber
del silencio
y poder hacer
la pregunta?
Me sobra la
voz,
cae desvalida
por la garganta
hasta los campos de trigo.
En el callar
está todo contenido,
pero se
extingue
como chispas de brasas.
Y no puedo
atrapar lo que comprendo
tan efímero,
tan inmenso.
Piedad, marzo 2024

Un poema muy descriptivo sobre lo incomprensible, sobre lo que no podemos cambiar, sobre lo irremediable. No hay calma, sólo desesperación y tristeza. Un gran poema.
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