Abandonar la
ciudad que te vio nacer,
su intimidad
entregada al tedio,
sus
personajes de neón
con su brillo
ultravioleta.
Tomar el
camino a las afueras
hacia lugares
recónditos.
Seguir las
nubes viajeras
eternamente a
la deriva,
¡sublimes!
ellas siempre
comienzan.
Sentir la
lluvia en la piel,
punzante y
suave,
desvelar los
secretos más ocultos.
Alcanzar los
acantilados,
donde el mar
despliega su
infinitud.
Sus
habitantes dispares,
cantan en las
profundidades
desvaneciendo
el pensamiento;
bello
esfuerzo para la última danza.
Arrancar el
hielo
clavado en el
corazón
y renacer en
sus orillas
para ser como
las olas.
Piedad, abril 2024

Hermoso y triste poema sobre el abandono de lo conocido, terminando ser parte de la naturaleza cruel. Magnífico y revelador.
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