Un abrazo
desolado, sin esperanza
en el eco
extasiado de las estrellas,
inútil
soledad que no encuentra lo divino,
transparente se
acerca hacia nunca
crujiendo el
viento.
En la
explanada lo veo,
tan leve como
un suspiro,
alejarse de
la gravitación, navegando
como las
caracolas hacia la flor del verso.
La claridad
nos contiene en su evidencia:
un tacto
fresco se derrama en los canales del cuerpo,
en la callada
voz de las acacias
o en los
gritos marineros golpeando la frente.
Hipérbole de
la era que ya no es,
los guijarros
levantan un muro de silencio
con el vuelo ausente de los vientos
liberando la
palabra del lenguaje.
En el espacio
queda flotando la añoranza
de la lluvia
fresca en el verano;
y en los
márgenes de la sombra del abeto,
cauce de la
línea sostenida, en perpetuo equilibrio
expulso el
veneno
desplazada hacia
los ocultos cielos
de centellas
violáceas.
Piedad, junio 2024

Preciosa descripción de la soledad
ResponderEliminarañorando ese pasado que ya no volverá. Magnífico poema de una gran sensibilidad.