miércoles 30 2020

Amanece

La madrugada de luz rojiza entra a la ciudad vestida de otoño y

filtra reflejos ocres en los tejados ajados de tiempo.

Los cimientos de mugrientas paredes reciben los tornasolados de la luz que se expande,

un viento limpio y suave sopla las hojas caídas de la pasada noche fría

y un suspiro recorre el rostro pegando en mi piel la bella aurora.

Entre viejos árboles de secas ramas quebradas por las lluvias,

la ciudad se despabila entre el humo y un sonar a asfalto quebrado.

Mis pasos, aun adormecidos, se quiebran y llaman a la mirada sorprendida,

ante un cielo en llamas que reclama enérgico el resplandor efímero de la mañana,

las nubes, atrapadas por un aro luminoso, intentan frenar al sol en su avanzada.

Inevitable arrobarse con la batalla.

Frena la vida cotidiana y los trajinados cuerpos enmudecen el habla endiablada,

súbito momento sin aire y sin pensamiento.

Mientras las calles se ensanchan para dejar pasar al alba,

el sol empuja el día tiñendo la vida de colores rojos, anaranjados, malvas.

Las palabras se esconden en mi garganta asfixiando la mente y atrapando el alma,

de entre los cristales manchados de hollín, veo cómo se escapa la mañana,

caminante de alquitrán, lágrimas de ceniza, corazón de grava.

 Piedad, agosto 2020



1 comentario:

  1. Preciosa ilustración del poema.
    Se percibe el frio y la soledad de la mañana.

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CHAROFIUNTE@gmail.com