Siempre en dirección contraria,
llevando el peso de la vida,
asaltando emociones por los senderos,
perdida en angulosas esquinas
sin esperar compañía que la arrope.
Y en algún lugar,
deshabitado en el olvido
poder soltar la pesada zozobra,
y esconder entre la maleza
el desasosiego.
No oculta su ánimo, desespera.
En sus pecados se arroba,
en el dolor halla certidumbre,
en la soledad el valor.
El consuelo
no lo quiere encontrar.
El deseo
no lo puede anidar.
Siempre en aguas bravas,
sin calma, sin pausa.
Sólo la melancolía
te parte el alma.
Piedad, agosto 2019

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