Siento que la vida escapa liviana entre mis rotas manos,
como si entre los dedos manara un incierto fluir extraño,
que brota de las cumbres y resbala como frías lágrimas.
En la noche aúlla un perro anunciando una muerte callada,
maldito mundo que propagas el agrio retorno del desaliento,
no hay consuelo esta noche, no se oyen cantar las cigarras.
Nubes rojas incendiaron los cielos, que a la luna velaban,
almas grises como finas sombras viven en las calles soñadas,
ocultas en las esquinas tras la tormenta, como fantasmas.
Llegará la hora en que se Iluminará la violeta madrugada,
las malas hierbas bailarán con las flores nuevas del otoño;
donde nacerá la esperanza de una eterna tierra renovada.
Charo Fiunte. Septiembre 2020.

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