martes 27 2020

LA ERA

 


Sigue el miedo: llega el otoño,

¡sin tregua¡ con vigor y furia,

arrastran los meses funestos.


Huye la rutina sombría de los

días, entierra grandes sueños,

agoniza el deseo y silencia

la voz.


La tierra nos sigue retando

con rigor y tenacidad,

alejando anhelos y alegrías,

nos quitan las palabras y la cara

se cubre de sombras, somos

nada en la nada, donde persiste

un fondo sucio, denso y oscuro.


Hay que ser una roca para

habitar lejos del deseo y la

esperanza.

Retornan los fantasmas ocultos

de la adolescencia: la conciencia

de la inutilidad de las palabras,

sin las que estamos huérfanos todos.

Ahora moribundos.


La fuerzas paralizadas, sin vida,

ahora nadie dice lo innombrable

de las desigualdades y el odio.


El mal nos enmudece y amortaja,

ahoga el ánimo y las decisiones.

Señales de alarma nos acribillan

cada día las entrañas.


Huye la mente y se lleva el

cuerpo a lo alto de la montaña,

a esperar que regrese la armonía,

alguna de éstas mañanas.


Refugiados en el pasado, en los

retazos de la imaginada memoria,

recordamos fantásticas noches,

de ensueño y luz escarlata.


El gozo de lo vivido nos arropa

de las penas que nos quiebran,

ligados al abismo de la sumisión.


Una grieta sigue abierta en el centro

del mundo, creando en nuestra alma

un vacío de ternura, y vertiendo en

su lugar ¡odio e indiferencia!


Charo Fiunte. Octubre 2020  .









2 comentarios:

CHAROFIUNTE@gmail.com