Días angostos en una habitación
de mullidas compañías.
Largos y gélidos inviernos y
veranos agónicos de sopor y fuego.
Sin armonía, mi mente se dispersa
entre la algarabía de lejanas voces infantiles.
Un sonido difuso y penetrante.
La realidad tramposa siempre se impone,
insistente, orquesta una trama siniestra
que despierta el pánico.
Sin saber, las lágrimas caen por mis mejillas
y el deseo se esconde entre bambalinas
ante su desplome inminente.
Destellos imperceptibles alivian la sed
del amor nunca nombrado.
Cuando las noches son más largas que los días,
y los días son eternos,
la angustia se acomoda en su escondite
y el odio ocupa el espacio de la vida.
Me refugio como caracol inmóvil
en las ramas de los árboles amables.
Distante y sola.
Piedad, octubre 2020

Es maravilloso y tan tuyo. Es tu viva imagen de nuestra infancia. Esa que conocemos bien.
ResponderEliminarEs un sentimiento muy profundo que se expresa- Chapeau!!