martes 13 2020

DIVIDIDA


Llegó el desencanto bajo la penumbra 

de una calmada tarde,

antes de rabiar la tormenta:

nubes moradas vistieron el cielo,

como bruma de salvia

¡ese olor de petunias, traído por el viento!


Del viejo edificio llegaba una dulce

melodía de mandolina,

melancólica y suave,

evocando viejas sonidos olvidados

mientras el amor se mecía en

aromas de brisa esmeralda.


Las huérfanas calles lloraban 

sin luz en la negra noche,

los ventanales eran halos de penas

que guiaban finas lágrimas.

La duda del amor reflejada

en los cristales de la desdicha.


Ese amor que desterré

una tarde con luz agónica,

rompiendo el nudo anillado

de la inocencia, enmascarando

el miedo con palabras.


Fue el saber de esa tempestad,

quien arrastró la vieja hojarasca,

desvaneciendo noches y besos, 

colmados de amor y dolor

borrando los sueños y tornando

las pasiones en tristes cicatrices.


Hay que ser piedra para vivir en el miedo,

me fracturó el corazón,

¿Cómo aceptar la certeza del vacío

entre el deseo y el dolor?,

enigma que engulle las entrañas 

y hiela la sangre.




Charo Fiunte. Octubre 2020






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