lunes 21 2020

SIN AMOR

 


Era una de esas personas en las que apenas te fijabas. Su apariencia era amable y distante a partes iguales, no se percibía ninguna anomalía en ella que indicara nada de lo que en su fondo pudiera esconder, es más, era una mujer bastante sencilla y corriente en sus maneras de comportarse con los demás. Aceptada por la mayoría por su gran bondad que destacaba abiertamente.


Su aspecto sonriente, humilde y aseado, le conferían una presencia más que aceptable para el mundo en el que le tocó vivir de miseria y pobreza social.

Su pesadumbre era perfectamente incorporada y escondida para no mostrarse en su debilidad. Así fue instruida en su severa niñez y posterior infancia. - Por otra parte, tan parecida a la de tantas mujeres solas y aisladas de todo afecto-. El mundo era muy hostil y no había lugar para la rebeldía. Fué bien educada en la absoluta obediencia a Dios y a la ley, en esa sociedad imbuida de miseria en todos los ámbitos. Esto fue más evidente en las mujeres ya que cargaban con la responsabilidad de lo íntimo y familiar, y con el fantasma del miedo para hablar de lo traumático. Los hijos de estas mujeres vivían una ambivalencia que se traducía en la falta de afecto en lo personal, y se materializaba en alejarse de los sentimientos de dolor o de alegría. Huía de las adversidades porque ya no le quedaban fuerzas para enfrentar tantos pesares y tenía atravesada la angustia en su cansado corazón.


El único signo de su penar eran algunas lágrimas que derramaba siempre a escondidas para no mostrar su flaqueza, no podía exponerse y lo reprimió desde el momento en que cerró completamente su mente para poder seguir viviendo.


Como a golpe seco de martillo creció en la aridez de un pueblo de Castilla. Lugar de manto amarillo y llanura tosca. Se dice que el paisaje configura a las personas, así lo hizo en ella y en tantas otras mujeres calladas y silenciosas, en esa época de miseria y hambruna de la postguerra española. Lo traumático no fue revelado y la falta de duelo conlleva una tristeza y un desconsuelo que se transmite de una generación a la siguiente.  


Su soledad era tan que evidente y se percibía en sus ojos siempre esquivos, mirando la lejanía. No podía verte en tu totalidad, porque sería reconocer que eras parte de esa terrible y desamparada vida. Por lo que la melancolía se hizo presencia en su cuerpo, ocupando el lugar de las palabras y a veces, de los síntomas. Ese miedo, lo transfirió a sus hijos, quienes como resultado llevaron esas mismas huellas durante muchos años de su vida: la imposibilidad de expresar el sufrimiento o la rabia ante la autoridad, lo que paralizó en muchas ocasiones su existencia en lo más cotidiano.  Ella no podía ser parte de nada de lo vivido, estando así al margen de su propia vida.


En definitiva, no recibir el amor que supuestamente debe ser incondicional de los padres a los hijos, construye personas de coraza dura y sufrientes para toda la vida. Y la imaginación de los niños sin amor, se presta a fantasear que la madre es mala, que es una persona que quiere hacerte daño y termina por ser incorporado.

 

Una madre que no muestra amor es una madre en falta, que dejará hijos en la más absoluta soledad para hacer vínculos afectivos con nadie. Es una mujer desvitalizada y transmite ese desamparo por su incapacidad de demandar, y por tanto de ofrecer amor a los demás. 


Charo Fiunte.

Septiembre 2020





"Castilla miserable, ayer dominadora 
envuelta en harapos desprecia cuanto ignora.
El sol va declinando. De la ciudad lejana
me llega un armonioso tañido de campana"

A orillas del Duero
                                                                                       A. Machado



1 comentario:

  1. Es ese estado seco de Castilla, tal vez, pero esa mujer, como tantas otras, se quedan así, secas, sin amor es una manera de describirlas perfecta.

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