miércoles 30 2020

Amanece

La madrugada de luz rojiza entra a la ciudad vestida de otoño y

filtra reflejos ocres en los tejados ajados de tiempo.

Los cimientos de mugrientas paredes reciben los tornasolados de la luz que se expande,

un viento limpio y suave sopla las hojas caídas de la pasada noche fría

y un suspiro recorre el rostro pegando en mi piel la bella aurora.

Entre viejos árboles de secas ramas quebradas por las lluvias,

la ciudad se despabila entre el humo y un sonar a asfalto quebrado.

Mis pasos, aun adormecidos, se quiebran y llaman a la mirada sorprendida,

ante un cielo en llamas que reclama enérgico el resplandor efímero de la mañana,

las nubes, atrapadas por un aro luminoso, intentan frenar al sol en su avanzada.

Inevitable arrobarse con la batalla.

Frena la vida cotidiana y los trajinados cuerpos enmudecen el habla endiablada,

súbito momento sin aire y sin pensamiento.

Mientras las calles se ensanchan para dejar pasar al alba,

el sol empuja el día tiñendo la vida de colores rojos, anaranjados, malvas.

Las palabras se esconden en mi garganta asfixiando la mente y atrapando el alma,

de entre los cristales manchados de hollín, veo cómo se escapa la mañana,

caminante de alquitrán, lágrimas de ceniza, corazón de grava.

 Piedad, agosto 2020



sábado 26 2020

MIS DEMONIOS


Veo nubes que avanzan pausadamente 

hacia mí,

creo que vendrá la tormenta,


Mi refugio es un verdadero edén, 

rodeado de montañas verdes, 

de altas cumbres protectoras,

que mecen mi desesperada alma.


Me aterra este vacio ensombrecido

por una luna de luto, negra, 

que rodea mi cuerpo inmóvil 

con su aureola grisácea 

- entonces sucede lo fatal -

el graznido de un cuervo negro

sobre mi cabeza, arrastra mi pelo, 

el vertigo en el aire, el desamparo de ahí abajo.

Ese maldito mundo, su hipocresía, las

presunciones inútiles; 

entonces las pesadillas, 

los demonios interiores

se vuelven realidad.

De pronto, una picaza se posa en mi barrote

y grita buscando compañía,

pero se marcha aturdida al no oir nada.

Al fin, aparece el silencio mortecino,

pero se va el odio.

Se alejan los nombres, mi mente descansa 

de la letania de las palabras,

las buenas y las malas,

cesan. 


Solo deseo y necesito volar hacia ese

universo mudo, en este momento único, 

¡este instante de paz!

Miro el ventanal y contemplo la belleza que me

envuelve. 

¡La luz es tan azulada al alba!

tornándose en violeta 

mientras corretean las horas.

El cielo va cambiando dulcemente de color, 

a un blanco brumoso, como de espuma tiznada,

de nuevo la picaza se une a mis dudas

se queda quieta, tampoco se decide, estoy bajo su cobijo.


Aislada del dolor infernal del ajado cuerpo, 

en melancólica reclusión.

Olvido todo, quizás, lo fantaseo,

me entrego al viento que juguetea con los

cabellos, cristalinas aguas colman mi sed, en parvos sorbos

aliviando mi corazón, pero no aclaran

mis ¡ojos espantados de la vida!


Durante un rato, las pesadillas 

de mis demonios interiores

se alejan y dan paso a la ternura,

¡esos olores! impregnan la casa.


Comprendo que soy una pájaro 

necesito compañía pero no la deseo.

Difícil olvidar este instante de serenidad, 

este refugio, dentro del mundo.


Mis palpitaciones fuertes e intensas,

se hacen cada vez más lentas, tenues, 

menos densas, y va llegando la calma.

 

Charo Fiunte. Septiembre 2020







miércoles 23 2020

Maldita religión

Un pequeño rincón a la luz abierto

rodeado de libros de áspero tacto,

santos y mártires en sus finas páginas,

lágrimas devotas orillan mis ojos.

Lúgubre séquito revolotea mi espacio,

aborda el tiempo con rezos y cantos.

Niños de miseria nos prestan sus camas,

la luna dorada entra por las ventanas

iluminando la estampa de sangre grana.

Muchedumbre con parsimonia espera,

la letanía de malos augurios,

y el miedo se apodera de la fría estancia.

 

Mitos y ritos, el delirio en procesión,

ruegan al cielo con ciega pasión,

claman iconos con salvas y palmas,

euforia que emana de la ignorancia.

Sotanas en movimiento envuelven la casa,

se llevan la infancia, la música y la palabra,

nos dejan la pena, el miedo y la distancia.

Siniestros, cada día, aparecen los fantasmas,

con mano firme empuñan sus dagas,

matan la esencia de los dulces sueños,

y entregas tú ser en eterno sacrificio  

a las temibles fauces de sus dominios.

 

 

Y cuando emergen las flores de abril,

amenazas sus profundos cimientos

de fuertes barreras forjadas en hierro.

Se abren huecos para la esperanza,

soltando jirones del terror maldito.

Pero el recuerdo del pecado oculto

en tu frente, marcada con la cruz ceniza,

renace de lo más profundo de la floresta.

Asoman de nuevo con sus garras blancas,

posando la condena de un cruel destino

de férreas cadenas con firmeza anudadas.

 

 

Piedad, agosto 2019



martes 22 2020

Sólo la melancolía

 

Siempre en dirección contraria,

llevando el peso de la vida,

asaltando emociones por los senderos,

perdida en angulosas esquinas

sin esperar compañía que la arrope.

Y en algún lugar,

deshabitado en el olvido

poder soltar la pesada zozobra,

y esconder entre la maleza

el desasosiego.

No oculta su ánimo, desespera.

En sus pecados se arroba,

en el dolor halla certidumbre,

en la soledad el valor.

El consuelo

no lo quiere encontrar.

El deseo

no lo puede anidar.

Siempre en aguas bravas,

sin calma, sin pausa.

Sólo la melancolía

te parte el alma.

 

Piedad, agosto 2019



lunes 21 2020

Insomnio

Aciaga cada noche que busca el día, 

rondando cada pliegue de las sábanas. 

Cada olor, cada ruido sobresalta el alma 

y la mente temerosa ansia el alba. 

Estático tiempo de infernal maraña 

devora el cuerpo en sopor cansado, 

cuando se despiertan los fantasmas 

acechan con  irónica burla, risotadas, 

palabras burdas y obscenas   

que susurran en mi espalda, 

y entre mechones de pelo enredan, 

palpando con manos pétreas     

cada palmo de la cama. 

Que sucia se ve la noche, 

no hay horas, minutos, nada. 

Maldita espera encrespada, 

el dolor de los ojos que abrasa, 

el ruido sordo que espanta. 

El silencio en quietud espera 

la apacible luz de la mañana, 

que se lleve el terror que emana 

de mi mente torturada. 

 

Piedad, enero 2018 

 


 

SIN AMOR

 


Era una de esas personas en las que apenas te fijabas. Su apariencia era amable y distante a partes iguales, no se percibía ninguna anomalía en ella que indicara nada de lo que en su fondo pudiera esconder, es más, era una mujer bastante sencilla y corriente en sus maneras de comportarse con los demás. Aceptada por la mayoría por su gran bondad que destacaba abiertamente.


Su aspecto sonriente, humilde y aseado, le conferían una presencia más que aceptable para el mundo en el que le tocó vivir de miseria y pobreza social.

Su pesadumbre era perfectamente incorporada y escondida para no mostrarse en su debilidad. Así fue instruida en su severa niñez y posterior infancia. - Por otra parte, tan parecida a la de tantas mujeres solas y aisladas de todo afecto-. El mundo era muy hostil y no había lugar para la rebeldía. Fué bien educada en la absoluta obediencia a Dios y a la ley, en esa sociedad imbuida de miseria en todos los ámbitos. Esto fue más evidente en las mujeres ya que cargaban con la responsabilidad de lo íntimo y familiar, y con el fantasma del miedo para hablar de lo traumático. Los hijos de estas mujeres vivían una ambivalencia que se traducía en la falta de afecto en lo personal, y se materializaba en alejarse de los sentimientos de dolor o de alegría. Huía de las adversidades porque ya no le quedaban fuerzas para enfrentar tantos pesares y tenía atravesada la angustia en su cansado corazón.


El único signo de su penar eran algunas lágrimas que derramaba siempre a escondidas para no mostrar su flaqueza, no podía exponerse y lo reprimió desde el momento en que cerró completamente su mente para poder seguir viviendo.


Como a golpe seco de martillo creció en la aridez de un pueblo de Castilla. Lugar de manto amarillo y llanura tosca. Se dice que el paisaje configura a las personas, así lo hizo en ella y en tantas otras mujeres calladas y silenciosas, en esa época de miseria y hambruna de la postguerra española. Lo traumático no fue revelado y la falta de duelo conlleva una tristeza y un desconsuelo que se transmite de una generación a la siguiente.  


Su soledad era tan que evidente y se percibía en sus ojos siempre esquivos, mirando la lejanía. No podía verte en tu totalidad, porque sería reconocer que eras parte de esa terrible y desamparada vida. Por lo que la melancolía se hizo presencia en su cuerpo, ocupando el lugar de las palabras y a veces, de los síntomas. Ese miedo, lo transfirió a sus hijos, quienes como resultado llevaron esas mismas huellas durante muchos años de su vida: la imposibilidad de expresar el sufrimiento o la rabia ante la autoridad, lo que paralizó en muchas ocasiones su existencia en lo más cotidiano.  Ella no podía ser parte de nada de lo vivido, estando así al margen de su propia vida.


En definitiva, no recibir el amor que supuestamente debe ser incondicional de los padres a los hijos, construye personas de coraza dura y sufrientes para toda la vida. Y la imaginación de los niños sin amor, se presta a fantasear que la madre es mala, que es una persona que quiere hacerte daño y termina por ser incorporado.

 

Una madre que no muestra amor es una madre en falta, que dejará hijos en la más absoluta soledad para hacer vínculos afectivos con nadie. Es una mujer desvitalizada y transmite ese desamparo por su incapacidad de demandar, y por tanto de ofrecer amor a los demás. 


Charo Fiunte.

Septiembre 2020





"Castilla miserable, ayer dominadora 
envuelta en harapos desprecia cuanto ignora.
El sol va declinando. De la ciudad lejana
me llega un armonioso tañido de campana"

A orillas del Duero
                                                                                       A. Machado



martes 15 2020

Sombras


Siento que la vida escapa liviana entre mis rotas manos,

como si entre los dedos manara un incierto fluir extraño,

que brota de las cumbres y resbala como frías lágrimas.


En la noche aúlla un perro anunciando una muerte callada,

maldito mundo que propagas el agrio retorno del desaliento,

no hay consuelo esta noche, no se oyen cantar las cigarras.

Nubes rojas incendiaron los cielos, que a la luna velaban,

almas grises como finas sombras viven en las calles soñadas,

ocultas en las esquinas tras la tormenta, como fantasmas.


Llegará la hora en que se Iluminará la violeta madrugada,

las malas hierbas bailarán con las flores nuevas del otoño;

donde nacerá la esperanza de una eterna tierra renovada.


Charo Fiunte. Septiembre 2020.








viernes 04 2020

DE LA COMEDIA A LA TRAGEDIA

 

Cuando cada mañana nos entregamos a un ritual maldito, en el que todo ya está establecido y no nos sentimos capaces de romper las reglas, llega un momento en el que obviamos que sentimos una necesidad profunda de que algo ocurra que permita cambiar tan macabra rutina.

Y no es sólo que deseemos que lo que más nos protege se desmorone, es más bien todo lo que nos rodea, eso que nos limita sin tregua. Pero entonces, vuelven los fantasmas a retomar la insidiosa tarea de recordarnos que la vida se ha hecho añicos sin que nosotros hayamos participado en ello. Cuando la conciencia golpea llamando a nuestra puerta no solemos abrir, siempre nos enseñan a no abrir la puerta a desconocidos. Nos muestran el miedo como único recurso para sobrevivir y nosotros lo creemos ciegamente y seguimos escondidos en nuestro pequeño mundo, asidos como garrapatas sin pensar que alguien o algo puede hacernos caer con un simple soplido. Porque no hay nada que sea perenne. Y un día el soplo puede ser más fuerte y nuestro mundo se derrumba. Adiós a la rutina, al mundo confortable. Una sorpresa macabra ha llegado repentinamente, cualquiera que sea, inesperada y potente.

Es entonces cuando nos damos cuenta de que la comedia ha dejado de tener gracia. Porque nada parece hacernos ver qué cosas son las que de verdad nos importan. Subir y bajar las escaleras una y otra vez, siempre en la misma dirección, arriba y abajo, puede que nos permita fortalecer músculo, pero también puede hacer que se forme un callo que termine por convertirse en un nudo imposible de desliar y entonces puede hacernos daño y que nos debilitemos y nos quedemos suspendidos en el miedo.

Cuando vemos y oímos las desgracias que ocurren por el mundo, lamentables todas ellas, tendemos a pensar que nada tienen que ver con nosotros. Nos hemos convertido en meros espectadores del otro, ese que tanto nos define y que quizá por eso queremos obviar. Puede parecer más fácil pensar que alguien sea culpable, nunca nosotros, solo otros que han pensado por nosotros. Hay sin duda una maquinación que nos hace daño y que se enreda en los grandes conceptos para disipar la culpa y la responsabilidad de nuestros errores. El estado, la familia, la religión, la información..., todas estas instituciones destinadas, supuestamente, a facilitarnos la vida, son precisamente las que logran controlar nuestras vidas. ¿Quién puede escapar de tan maldita organización? ¿Quién no está institucionalizado? ¿Quién es capaz de desprenderse de todo ello para caminar solo? De nuevo la comedia se transforma en tragedia. Porque en estos grandes conceptos está lo que nos provoca ese estado de soledad absoluta. Ese pertenecer a un grupo tan grande e indefinido, es lo que permite que en nuestro interior no haya nada. Un enorme hueco que impide que nos desarrollemos como pensamiento singular y único.

Las salidas vienen cuando en una mañana igual a todas, la misma mañana, nos quedamos en el vacío y empezamos a pensar. Algo ocurre en nuestro cuerpo o en nuestro entorno, o en nuestras mentes, algo fuerte e inesperado. Se rompe entonces el hilo conductor de nuestras cabezas henchidas de pensamientos vagos, y entonces toman forma de reflexión. Lo que se descubre es mucho más de lo que la mente puede abordar, un batiburrillo de ideas que sin orden ni concierto anidan entre una maraña de pensamientos arduos e ininteligibles. Comienza el drama.

Descubrir la tragedia sin convertirla en comedia, esa sería la función de la mente que despierta a un sinsentido. Porque esa es la verdadera tragedia, el sinsentido. Cómo enfrentar tal descubrimiento es una ardua labor para la que no se está  preparado. Si pensamos en los motivos que nos llevan a soportar el daño que nos hacemos los unos a los otros, pues esto nos afecta a todos, nadie se queda fuera, tendríamos razones para estar todo el día llorando. Observar la crueldad con la que nos relacionamos, tanto si hay o no intención de hacerlo, es un verdadero desastre.

Ahora tenemos que vivir una nueva normalidad, la que acaba de empezar y que todavía no sabemos cuánto va a durar. La llaman nueva como si algo de verdad hubiese cambiado dentro, solo hay que incorporar una nueva rutina a las viejas. Lo que sí es un auténtico drama es lo que cuesta convencerse del valor del cambio interior, ya que, en ese proceso, dejamos demasiadas cosas. A nuestro pesar los afectos se enfrían, se hielan en algunos casos, se posponen en otros, a veces se redescubren. No es quedarse en casa o llevar mascarilla, es más que eso. Descubrimos que podemos vivir con poco, casi nada. Pero no renunciamos a nada porque la renuncia supone distanciarnos de todo.

Se puede ver en momentos tan raros, como este que vivimos, lo que nos gusta acumular. Y ahí va otra tragedia, porque acumular, tener, retener, guardar, consumir sin necesidad es buscar una agarradera, algo a lo que asirse. O lo que es lo mismo, no abandonar, no soltar las riendas, no tirar nada, no desechar, en fin, no renunciar, es querer quedarse en el desván protegido y seguro. Imaginar lo que deseo, creer que hemos logrado el deseo, lo que nunca es posible, por mucho que nos empeñemos en encasillarlo e intentemos darle forma, sólo es un intento de sentir que estamos vivos. La búsqueda del deseo es una forma de vivir, de permanecer despiertos, atentos, perspicaces. 

Entre tanto, el mundo se desmorona a nuestro alrededor. Muerte, dolor, sufrimiento, miseria, hambre, desigualdad…, que lejos de removernos nos hacen reaccionar con odio, rechazo, asco y un sinfín de sentimientos negativos. La insensibilidad se ha instalado definitiva y cruelmente y la vemos todos los días pasar ante nuestros ojos como si de una película de terror se tratase. Esta es la verdadera tragedia del mundo que hemos creado, todos y cada uno de nosotros, sin excepción. Por permitir, por mirar hacia otro lado, por miedo, por vergüenza, por estupidez.

Piedad Fiunte Herrero
Agosto, 2020



LAS GUERRAS.


“Aprende las reglas como un profesional, para entonces poder romperlas como artista”.
Picasso.

 No se puede crear un mundo nuevo sin entender los mecanismos con los que funcionan los mundos que ya existen. No se puede crear un lenguaje nuevo sin entender antes cómo funciona un lenguaje.No se puede embellecer un jardín, si no se sabe dónde queda el jardín.El razonamiento es elemental y la regla de Picasso parece una obviedad, porque es una obviedad. Pero, increíblemente, no todos la toman como regla.Convertirse en artista implica una larga paciencia: la paciencia de no empezar siendo artista. La paciencia de saberse aprendiz. Y la humildad y la alegría de ser un aprendiz toda la vida, aún después de empezar a romper las reglas.Picasso es un gran ejemplo para ilustrar la regla de Picasso:Para romper las reglas “iniciando el cubismo” con Las señoritas de Avignon, Picasso viene estudiando durante años a Cézanne, y el cuadro le demanda 9 meses de trabajo.Se conservan por lo menos 800 bocetos y estudios realizados para Las señoritas de Avignon. Una muestra clara de que, para romper una regla, hay que trabajar mucho más que si se siguieran las reglas.O pensemos en cuando pinta el Guernica: en ese momento ya podemos decir que Picasso “ya sabe romper algunas reglas”, pero aún así existen unos 45 bocetos en los que trabaja durante las semanas previas y las de ejecución de la obra.No existe ningún genio, absolutamente ninguno, que se haya convertido en genio por casualidad.

Imagen: Guernica (1937).

jueves 03 2020

DESALIENTO





 Llora un niño

¿o acaso es el aullido de un perro?,
pero vendrá la mañana
con su tenue luz
que acaricia la quebrada,
grita una mujer
¿o acaso es un pájaro graznando?
pero vendrá la tarde con el sol maravillado
sobre nuestra frente,
un hombre se ahoga en una pieza,
¿o acaso es un caballo bufando?
pero vendrá el ocaso
desinfectando el mundo
con su larga lengua de fuego.

Publicado por Fesal Chain 


martes 01 2020

Niñez

 

Avanza la sombra,
la inquietud se escapa de mí pecho
la estancia se serena
un pálido brillo inviernal
envuelve los rostros
con un halo de esperanza;
que serena el dolor
en la penumbra de la lumbre maternal.

Las horas pasan lentas,
como la agonía de una despedida
el corazón desbocado
para provocar un latido armónico,
enloquece en sollozos
buscando una soplo de aire
quizás,
¡una grieta de luz de la perdida
belleza de ayer!

La calle, tras el balcon
es una noche sin estrellas
no puedo ocultar la verdad
a estas viejas paredes,
donde habitan todos los nombres
de este circo del absurdo,
cuerpos de desdibujadas siluetas
y miradas inertes.

Pero los fantasmas y cadáveres
se niegan a desaparecer
se precipitan hacia la insondable noche
un cuento infantil me engañó
con sus falaces encantos,
en los bordes azules del crepúsculo.

Charo Fiunte agosto 2020