lunes 07 2020

Días luminosos

 


                                                                                                 A mi madre.


El sol centellea atravesando su cuerpo

tendiendo sobre la sala un manto cálido,

irisado de girasoles:

la mujer de rostro grave

emerge entre las sombras 

y teje ensimismada.


El fulgor enciende en su cara

una tímida sonrisa,

sus pálidas mejillas ilumina

la estancia que arrebata su alma

alumbrando toda su silueta,

alegre con su sencilla vida.


Los juegos y cantos de los niños

se filtran por las entornadas ventanas,

en un zaleo que enreda el vacío,

sintonía infantil y bullicio.


Las calles vibran adornadas,

de verdes, blancos y amarillos,

se respira el aroma a jazmín 

que calienta fría oscuridad de sus penas.


Ella derrama su amor

por los lindes de su belleza:

y un mundo mágico sale a su encuentro,

exhibiendo un halo de perfección:

¡como un instante eterno!


Charo, diciembre 2020.





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