No puedo abrazar el amor con ligereza,
tanto he tapado el dolor de lo sentido
durante el tiempo caramelizado.
No puedo dolerme ante el abrigo
de un
cálido refugio,
tanto he banalizado el sentir de la espera atormentada.
Rota la barrera del precipicio,
queda un poso amargo
que retorna cada día
sin saber dónde se fraguó
este olvido tan mío.
Ya no puedo poner nombre al desconcierto,
si no pena envenenada,
y mi cuerpo, ávido de dolerse,
se paraliza todo.
Es la esencia del temor vivido
que acribilla cada espacio
de la marchita sombra que soy.
Perdón no cabe, ni cabe ya la fusta
que flagela mi pesar
si se demora en amarrar
un sentimiento limpio de amargura.
Solo queda seguir en el camino
desnuda y temerosa
en este bucle de inanidad silente.
Piedad, diciembre 2020

Maravillosa forma de retratar un carácter!.
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