jueves 17 2020

Late el miedo

No puedo abrazar el amor con ligereza,

tanto he tapado el dolor de lo sentido

durante el tiempo caramelizado.

No puedo dolerme ante el abrigo

de un cálido refugio,

tanto he banalizado el sentir de la espera atormentada.

Rota la barrera del precipicio,

queda un poso amargo

que retorna cada día

sin saber dónde se fraguó

este olvido tan mío.

Ya no puedo poner nombre al desconcierto,

si no pena envenenada,

y mi cuerpo, ávido de dolerse,

se paraliza todo.

Es la esencia del temor vivido

que acribilla cada espacio

de la marchita sombra que soy.

Perdón no cabe, ni cabe ya la fusta

que flagela mi pesar

si se demora en amarrar

un sentimiento limpio de amargura.

Solo queda seguir en el camino

desnuda y temerosa

en este bucle de inanidad silente.



 

Piedad, diciembre 2020



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