Esperando en el albedo, busco
el verbo en una mariposa.
Una ráfaga de viento
esparce
la flor del tiempo.
En marcha,
a mi lado se sentó la añoranza.
No miraré el horizonte,
solo la cara etérea de la luna
y los olmos distantes y viejos.
Seguiré los ecos quebrados
del silencio,
oscura luz de la memoria
en la noche vacía.
La casa solitaria,
tararea el espanto,
los espejos se curvan
ante mis ojos furtivos.
Se va el aroma de los tilos,
un torbellino de amapolas
de piel teñida
canta una despedida.
Mayo, 2025

Que maravilla!! Todo transita por el tiempo sin que ya no vuelva. Todo es efímero. Precioso poema.
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