Trémulos dedos rizan el viento
acariciando el mandil,
mientras cae palpitante
una velada lágrima.
Rocío en las manos,
ramillete de rosas
que imantan tesoros,
hilanderas de luz
engendrando la vida.
Sus ojos, estrellas
expectantes,
dulce candidez vigilando la noche,
luceros del cielo contra la tempestad.
Doliente el corazón,
cárcel de ausencias
de un pasado de glaciales llagas,
rescoldo de místicas hogueras.
Oscura el alma como
noche silenciada,
vientre de piedra en su coraza,
boca que chilla desde su gruta
hasta las arrugas de mi piel.
En su lecho de
hojas secas,
una primavera lluviosa,
brotará un manantial profundo.
Charo, mayo 2025
Qué belleza de poema. Precioso!!
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