Buscando entre las grutas de los precipicios,
devorada por esta niebla de dudas,
eternas creencias se convierten en escarcha.
Susurran las rocas,
hablan, en las laderas más altas,
las certezas mueren en los ecos de las montañas,
entre raíces de rebeldes flores y
musgo esmeralda.
Cae despacio, con su
aleteo, un pájaro herido,
desde la orilla de un tronco desgarrado y
solitario
acecha, libando,
las ultimas gotas de aliento.
Miro hacia dentro, al
abismo oscuro del armario,
donde vibran tus ojos, en un vaivén de resplandor
y penumbra, que abarca con sus destellos
la estela de un abrasado poniente.
Apuñalado por un rayo
sangra el astro en el cielo,
cayendo vencidos
los labios, los párpados ciegos
y los dispersos vocablos.
Luz que conmueve la dentellada de la batalla,
mientras decrece el dolor que contiene
la verdad y la mentira.
El firmamento se llena
de espejos vacíos y
silentes, salpicados por una luna nacarada.
Ahogo mis plegarias
en esa placidez nocturna,
que quiebra los nudos de la garganta.
Charo, junio 2024

Que belleza de poema. Cuánto dolor evoca. Dolor de un pasado y un presente eterno. Precioso.
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