El viento nos empuja acelerando el
ritmo infantil,
remolinos de suciedad revolotean
atrapando nuestros pies,
pedazos de papel vuelan calle abajo desbocados
y sin rumbo,
cruzando el vacío inhóspito de la calzada.
Entre alegres juegos perseguimos la
ilusión
convirtiendo la basura en un lúdico
destino;
la imaginación corre a ras del suelo
duro.
Nos envuelve el viento con los vestidos
de celofán,
vaporosos y vivos transcienden las
formas
de los pequeños cuerpos extraviados,
burlando las nubes que nos persiguen
ajenas.
Parda, la tarde amenaza con llevarse la
luz,
últimos reflejos que nos transportan
flotando
a los rincones refugios del aire gélido
para crear, silenciosas, un lienzo de cálido
escenario
donde habitar la casa del amor soñado.
Se va el reloj perdiendo las horas por
el asfalto,
sin vernos ni sentirnos, la noche nos
encuentra solas,
bajo un techo de cartón y las
manos frías.
Piedad, septiembre 2022
Pintura de Google.

Maravilloso y entrañable poema sobre un bellisimo recuerdo . Magníficos versos plagados de hermosas palabras.
ResponderEliminarPrecioso Piedad. Hermosa infancia acompañada, con la ignorancia de lo trágico y la belleza de vivir el momento. Me encanta leer vuestros poemas me enseñan tanto...
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