Quiero cautivar la soledad
y ocupar el espacio interior
sin esquivar las aristas más oscuras de
mi ser,
ansiosa por perder esta existencia
engañosa
que tanto desborda mi turbada mente.
Pero, acechada por la magia del
pecado innombrable,
mi cuerpo, invadido por la culpa,
flagela mis anhelos, ya devastados,
sentenciando y ejecutando la vil
condena.
Vuelve la serpiente a reptar mi médula herida
tentando mis endebles sentidos,
seduciéndome con su halo pintado de fantasía:
engalanada me alienta con su fascinante
hechizo,
enojada se transforma en hidra acosadora.
Entonces me persigue la luz de los
remordimientos,
y me exilio lejos de mi misma
hacia vientos
favorables,
buscando un rumbo que acoja mi delirio.
Solo queda arrancar
las espinas clavadas en los años de ausencia
y volver al camino ancho y solitario
que con pasión doliente deseo,
hasta que mi cuerpo sea río
y mi alma sueño.
Piedad, julio 2022
Pintura de Gustav Klimt

Bellisímos versos sobre el dolor de vivir. Regresar siempre a lo conocido como fiel refugio del daño.
ResponderEliminarPrecioso poema sobre la culpa y el remordimiento de un tiempo ya ejecutado. Y, ¿qué es el ser humano sin culpa? Bella manera de expresar lo que sientes. Magníficos versos.
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