Déjame guardar los besos
que soñé y que nunca me diste,
en aquellos pasajes velados,
tú me mirabas triste
a la luz de una luna que se
descolgaba
y posaba en tu cara un haz de
sombra fría.
Jugabas con tus largos
dedos, baquetas de mustios tambores,
contando las horas solas
que lentamente caían,
presagiando despedidas y
funestos abandonos.
Tus letras sueltas al
viento, nunca las comprendía:
enigma de mis desvelos en
noches de desconcierto.
Con el alba entre las manos,
me llamabas por mi nombre
y un desmayo se cernía
entre tu boca y la mía.
Con ese dulce zureo que hace
añicos el silencio,
retornabas el barullo de mi
pobre desconsuelo.
Nubes negras se disipan
allá en el horizonte
marcando suave la línea de
la finitud inmensa,
como una verdad serena que
se esconde en el olvido,
rompías con el hastío de
los días venideros.
¡Déjame vida mía sentir tu
latido efímero!
esencia inevitable de este
instante pasajero.
Piedad, marzo 2022

Que linda descripción de un instante de lucidez vital!
ResponderEliminarPrecioso poema!!!
Precioso poema Piedad. Parece aludir a un amor que no fue posible, pero que su recuerdo a la vez que duele, también alimenta. Maravillosos recuerdos de juventud. ¡¡Muy hermoso!!
ResponderEliminarGracias. El amor es a la vida misma y su finitud.
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