El viejo sauce olvidó su color:
¡al verde prado añoraba!
rugosa viste su erguida piel
-nívea de la fría escarcha-
le cubre un cielo nebuloso
con un bisel de nubes largas.
El viento aúlla en el bosque
el invierno alcanza el tiempo
entre sus largas lágrimas,
aguas que fueron simientes
de bellas rosas enamoradas.
Robusto y fuerte nos escondía,
ramas que al cuerpo mimaban,
espantaba el miedo y la pena,
insondable en su tierra cálida.
Promesas de amor en la noche
emanan estelas de luna estañada,
de miseria y olvido fue abrigo,
refugio de inocentes almas.
No más sueños, ni pasiones:
sus varas tiemblan quebradas
somos raíz de sus negras hojas,
que guían nuestras pisadas.
Charo 24 de febrero 2022
Bellísimo poema lleno de vida. El sauce solitario protector de los juegos y los sentimientos infantiles.
ResponderEliminarHermosa manera de expresar el pasado de una infancia desprotegida, pero a la vez arropada por la imaginación del futuro.
ResponderEliminarMe encanta las fotografías que ponéis.