Al atardecer, cuando los juegos se acaban,
cuando las horas rozan el crepúsculo
y la luz arrastra de las petunias su color,
el cielo me mira con desconcierto
tristemente despejado y turbio.
Cuando los pájaros cesan sus ágiles vuelos
para cobijarse al abrigo de las ramas arbóreas
y callan su gorjeo desvalido,
los jardines me despiden con su queja
gimiendo su frescor en el adiós.
Cuando la tierra ya no cruje sus sonidos,
elevando todo lo que en ella reposa,
y el viento ya no zarandea las hojas en la hierba,
un dubitativo frío se posa en mi frágil cuerpo
ocupando el espacio sombrío que cede el sol.
Cuando hasta las mismas piedras se sienten solas,
barruntando la quietud del desconcierto,
es cuando…
¡no sé nombrarlo!
siento que un sosiego se vuelca en mi ser
y descalabra mi impostada armonía,
que la ausencia cautiva mi esperanza
y rescata mis sentidos,
siento que la angustia se escapara
sin saber a dónde ir.
Piedad, febrero 2021

Sin palabras,precioso Piedad,tienes una sensibilidad especial para la poesía. No habéis dejado ninguna en el olvido los recuerdos y las vivencias. Y no es fácil comprendernos, conocernos y sentirlo así
ResponderEliminarCuando os leo veo reflejada la vida, con sus penas y gozos. Y vuestra honestidad.
Gracias por tu opinión. Al final lo importante es saber transmitir esos aspectos interiores que no dejan de estar siempre presentes.
EliminarQué maravillosa sensibilidad Tenéis, me parecen preciosos los poemas queridas, son profundos y tan sentidos...
ResponderEliminarDesde el corazón. Es un placer leeros.
Gracias por leerlos y por opinar. Siempre busco esa manera de expresar la inquietud, siempre presente.
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