En el descampado frente a mi balcón,
lejano y triste,
anida una honda espesura herbácea
que refleja níveas formas al despertar el día.
Adivino la imagen de niñas entrelazadas en sedas
buscando flores en el
viento con sus manos de visera,
me saludan, aun en la distancia las veo claras,
atisbo sus rostros sonrientes en liviano gesto;
tan lejos y tan cerca. Me llaman al juego,
su jolgorio me entretiene el ánimo.
Son artificios que desvela la ilusión fogosa.
Mi madre asoma por la ventana estrecha y vieja,
me observa con sus ojos de hielo,
es su manera de devolverme,
me aqueja una fiebre pudorosa que me aparta la mirada.
Corro los campos plagados de espigas puntiagudas,
de mis zapatos saltan flotantes las virutas del trigo,
rastrojos que deja el sueño vencido.
Ya no hay nadie entre los abandonados arbustos,
entro, como la luz plana, en la solitaria sala,
la mesa mustia me llama con tesón
con voz de maestra reseca y fría,
me sitúo infeliz sin dejar de vagar la mirada fuera,
las niñas de frágil figura asoman entre el follaje
con el sol de la mañana reflejado en sus blusas
me seducen, coquetas, al lugar de la inocencia.
Piedad, febrero 2021
Detalle Campos de Trigo Van Gogh

Maravilloso poema, tan sentido y tan poético. Nada nos quitará el recuerdo, pues subsiste en la memoria.
ResponderEliminarPrecioso recuerdo de infancia vivido efectivamente con la inocencia y la ignorancia de la niñez, Pero con la intuición de una vida sin color.
ResponderEliminarMaravilloso!!!
Gracias por vuestros comentarios. Es la ilusión, la fantasía, la buena y la mala, de la infancia, que siempre está viva.
ResponderEliminarComo no os llegaban los comentarios al principio. He vuelto a leer este poema sobre la infancia. Me parece tan auténtico y bello...
ResponderEliminarM.Carmen.
Gracias. Es un momento, una ilusión de un recuerdo.Me alegra que así se entienda.
ResponderEliminar