Profundo mar que me transporta
sin
carcasa que sujete mi fragilidad,
avanzan,
ligeras, nubes plateadas
remando
con tesón mí desespero.
Mis
brazos, exhaustos, cesan su aleteo,
húmedos
mis labios de blanca sal,
gira el
agua enojada e infinita,
pies y
manos se buscan afanosos.
Burbujas
sonoras explotan alrededor
como
voces descompuestas de sirenas
coreando
las palabras del adiós.
Volteo
lento a un fondo que me acoge
mientras
el aire escapa sorprendido
hacia el
inmenso hueco del silencio.
Los peces
se burlan de mis gestos
revoloteando
alegres ante tanto ajetreo,
pronto, cesan el baile y huyen soberbios.
Inminente,
suspira el sosiego
que
desprende leve
de mi
piel el lamento.
Piedad, enero 2021

Triste final para el desasosiego.
ResponderEliminarBello!!
Ahogo. Muy bello y a la vez angustioso.
ResponderEliminarPensaba en el mar como escape, el agua que te ahoga. Y en algunas escritoras y escritores que se fueron así. Con valor decidieron ahogarse para siempre.
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