jueves 27 2020

SOBRE EL CONFINAMIENTO. EL RETORNO DE LO SINIESTRO

En este momento de quietud en el que la vida pide un respiro, siento que mis sentimientos, más amargos se agolpan en una esquina maltrecha, en tanto llaman con una fuerza descomunal a la espera de poder salir al viento para volver a dispersarse en la tumultuosa riada del mundo. Y mientras intento ordenar los hechos, me desborda una nostalgia que no me pertenece. Oigo las voces, veo los rostros, huelo el pesado aire que respiro inquieta, y me lamento. 
Descubro en todo lo que me rodea una fría capa de distancia, como si este aislamiento, lejos de crear afectos, dejara en carne viva la esencia del deseo. Poco se puede salvar entre tanta desidia, y solo aquello que siempre se mostró perenne en la adversidad puede quedar ileso. 

Me asombra, en el fulgor por la palabra, encontrar entre tanto desvarío la idiotez ceñida en las voces que antes no oía, parece que la frivolidad se apodera del espacio y del tiempo, como si surgiera de las entrañas de tanta compostura un frágil hilo a punto de romperse. 

Ahora todo tiene otro plano, otra forma de afectarse, una manera de alojarse en lo desconocido, pero no por ello extraño, el retorno de lo siniestro. Cada día es el mismo, cada instante, toda voz, toda mirada. Todo se repite cruelmente llenando los espacios de la casa, los sonidos más cacofónicos, los colores más taimados, los olores más putrefactos. 

Esta serenidad regalada me lleva a mí pesar a mirar de reojo lo nuevo, no sé si quiero verlo, pero se asoma de manera inquietante un paradigma que no afronto. Algo que revolotea en mi mente, como una imagen díscola que no logro alcanzar. 

No solo es el asombro, la perpleja situación que ahora toca vivir, esa soledad perversa que nos encubre una vez más, es más bien descubrir en ella lo cercano, lo cotidiano como aquello que nos enfrenta a nosotros mismos, allí donde se acumula esa realidad siempre impetuosa que atrapa cada rincón de nuestro ser. El terror de lo familiar, lo que conforma nuestro síntoma, y que ahora veo con cierta clarividencia como un maldito mantra que se empeña en devolverme al pasado. 

Como si las consecuencias de este extraño momento hubiesen llegado para despertar mis sentidos, ya sin estupor, me doy cuenta que verifico sospechas que siempre he albergado en mi interior, y que no pocas veces surgían ebrias en forma de martirio, sobre personas que forman parte de mi vida. Y así, mirando al pasado, veo con pena y dolor cumplir siniestramente aquello que de forma intuitiva sospechaba, que todos los afectos, los malos y los buenos, se anexan en nuestro entorno familiar. Descubro inquieta que no hay escapatoria sin dolor. No sé si puedo nominar lo que siento, lo que duele, pero creo que puedo agarrarme a ello para llegar a darle un sentido. 

Así, puedo comprobar que las relaciones que siempre fueron distantes nunca se acercarán y que las que se vivieron próximas nunca se alejarán del todo, y observo que cada relación mantiene de nosotros una debilidad o una fortaleza y que ambas cosas nos pertenecen. Y esta devastación, conocida pero no aprendida, asoma ahora de manera estrepitosa por cada poro de mi piel. 

Cada día es el mismo, se repite una y otra vez, y esta cadencia que este encierro manifiesta, ha dejado al descubierto una cara amarga de la realidad que ahora es imposible denegar. Es el vínculo más conocido, el inicio de todo, quien nos somete. Y si ya no queda casi nada de mí, la aflicción se convierte en vida, que es la mía, pero también es la de los otros. 

Y así, excluidos en la inclusión, disfrutando del dolce far niente, nos colocamos en la añoranza para sentirnos cómodos e intentar no volver a nuestro mundo, a nuestras rutinas, porque para muchos, quizá para mí también, esto supone encerrarse en una celda y haber tirado la llave, para poder usarlo como tapadera y buscar la huida de aquellos tiempos revueltos en los que se había instalado la serenidad del odio, del daño mutuo, no de la duda, no de la vida. 

Piedad Fiunte  Mayo 2020



1 comentario:

  1. Estupendo relato de los pensamientos sentidos en el confinamiento. Completamente de acuerdo. El miedo es siempre a lo conocido, es lo siniestro por ser familiar y sólo tuyo.

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