Palpar con la punta de dedos esos dulces momentos
ir tras la huella estelar que aún brilla hacia al oeste,
invocar la agitada duda que hiere los sentimientos,
saborear de nuevo el amor que te dejaba sin aliento.
Recobrar las miradas sutiles de la luz de poniente
tejiendo entre verdes ramas el ardiente amor furtivo,
en el recuerdo quedan los bellos rincones prohibidos:
¡lo que soñaba como un todo ahora se torna en nada!
Se fueron las vibrantes risas de la blanca luz del alba;
el amanecer que regalaba perfumes de flores blancas,
palpitante y trémula la piel acariciando suave el alma.
Agoniza ya el cuerpo, aturde el dolor en las entrañas.
Los otoños nebulosos agostaron el marchito corazón
arrojando sueños al abismo de un despiadado silencio.
Se quedaron el valor y la fuerza en la orilla del tiempo,
infinitos veranos arrojados al hielo del olvido eterno.
Recuerdo juegos y cantos enterrados bajo los rostros
agitados por vientos que anuncian llegar la tragedia
vistiendo de dulces lágrimas el fulgor frío de la muerte,
donde sus cálidos torrentes servirán de savia para otros.
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