viernes 28 2020

Post-confinamiento

 

Duelo

 

Se inicia un nuevo renacer, nuevos tiempos de cambio. Se ha detenido el aire y queda en suspenso. La respiración se tiene que hacer consciente porque ha quedado entrecortada. La vida transcurre más lenta, tranquila, no hay donde ir.  Los sentimientos y afectos en éstos meses sin certezas, se han transformado. El distanciamiento social nos ha hecho perder la ansiedad de esperar algo del otro. “ha sucedido y podría volver a suceder “ decía Primo Levi, en testimonios escritos del Holocausto , lo que nos coloca en una duda constante.

En estos momentos tan opuestos  al orden establecido, aparecen los silencios que nos revelan que estamos solos desde que nacemos .Este descubrimiento nos amenaza, porque hemos pasado de tenerlo todo, a enfrentarnos con la nada. Aprendizaje muy doloroso , porque abre una grieta en el centro del cuerpo, por donde se percibe el vacío que nos conecta con la tierra y la carencia. Nos vinculamos con lo que realmente somos y desconocemos y, el amigo sólo es tu propio espejo, no hay nadie ahí. El desamparo, al igual que en un duelo, es devastador y nos coloca en la orilla, sin destino,, en el caos.

Ojalá sirviera para poder dejar de ser seres enajenados, incapaces de pensar, y posicionarnos en otras dimensiones de la realidad,  no la del poder. Este tiempo de reflexión y aislamiento, nos está abocando temporalmente al despertar de la fragilidad, a desdibujarnos  . Quizá, podamos estar mas apegados a la tierra, a la naturaleza y a lo humano,  dejando de ser un objeto sometido. Ahora los deseos quedan para los ególatras que no pueden aceptar la existencia como una continuidad natural y como una pura contingencia.

Pero como soportar la angustia del no saber que hacer ,de no estar a la altura, con la frustración que conlleva el no ser valientes y fuertes , y mostrar las anomalías así, al desnudo. Pero si puedes verte ahí, amplias la mente y se podría aceptar lo que llevamos años ocultándonos por miedo a la soledad de ser diferente.

Pues solo a través de las sutiles formas que ha escogido ésta distancia social, encontramos lo alejados que estamos de lo que somos. En este sentido nos duele y nos enferma, reconocer que habíamos creado una pantomima, para sobrellevar esta carga tan pesada en la espalda. Mejor creer que el poder todo lo debe solucionar , que tiene todo atado para protegernos.  El pánico a cualquier decisión que dependa de nosotros, con toda esa responsabilidad, no se puede soportar, porque estaríamos a la intemperie,  sin nadie que nos sostenga, en la orfandad.

Entiendo, que de ésta idea, puede aparecer la paranoia de los qué no se creen nada. Si no hay quien  controle lo que está sucediendo , es que no existe. Para ellos esto es un bulo lanzado por la política mundial para tener a los ciudadanos controlados, alguien tiene que asumir esa hecatombe, o, sencillamente es no existe como tal.  Es difícil  sobrellevar el libre transcurrir de la naturaleza sin más.  Los conspiranoicos son los creyentes de la verdad con mayúsculas, creen en la fuerza de un discurso idealista . Para el materialismo político, no hay respuestas o soluciones rápidas para las causas de algunas realidades sociales . Por tanto hay que buscar culpables  para esa realidad, que es una consecuencia de la existencia misma, pues ha sido generada por el egoísmo omnipotencia del hombre.

Si se pudiera controlar todo, no existirían los movimientos naturales de la tierra : los volcanes, los tsunamis, o los terremotos. Y tampoco ocurrirán atentados , o, el hambre en el mundo, es decir la desigualdad. Es muy difícil convivir con esa terrible verdad. La naturaleza y lo humano no dejan de modificarse, luego no hay certidumbres. Pero el hombre al tener conciencia, ha necesitado  creer, ha querido estar mas allá de los dioses. Ésta pandemia provocada por la ambición que ha generado la globalización, nos está ensanchando la mente, y de nosotros depende que respiremos otros diferentes aires, e intentemos desargumentarnos.

Ahora nos movemos en otra etapa, aún muy cruel de ese aislamiento, y ésta nueva anormalidad debería hacernos reflexionar. El instante presente es como un duelo, y andamos cabizbajos buscando respuestas a tanta desazón. Espero que tanta ceguera en la que estamos viviendo favorezca poder seguir la senda de la indagación personal.

Charo Fiunte

25 de agosto de 2020



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