Entre la inquietud y la calma
remando los versos mecidos
en profundas aguas turbulentas
se despliega la serenidad.
El silencio duerme en las estrellas
prendido en lejanas nebulosas
dejando la cicatriz de la ausencia.
Queda el tacto dulce de mi mano
palpando la noche.
En el limbo del pasado,
pasmada ante la ingenuidad,
se pierde el esplendor de la sonrisa.
Ni el olor de la rosa respirando ni
la noche contenida en un beso
devolverán el tibio néctar
de las uvas maduradas en alambre.
¡Oh brevedad! cuánto añoro…
el turbio espacio de mi casa,
el crujir del viento en la ventana
y el anhelo de aquella luna
de azafrán teñida.
Piedad, noviembre 2025

Qué magnífico poema, lleno de versos, de nostalgias de un pasado
ResponderEliminarde auroras frescas y sonrosadas.
Precioso!!