La fuerte brisa rompe el ritmo del cantar
de los pájaros,
absortos en el temporal se burlan de mi,
con sus discordantes silbidos
-las certezas mueren entre sus cantos-
retumban sobre las ruinas del perdido paraíso.
Me interroga el mar que navega solo,
en las claras noches y en noches sin luna,
sin miedo, olvidado
porque aún no ha sido descubierto.
Cada amanecer el viento brama
despertando las mareas,
que agitan ingrávidas sombras
en el agua, sin orden, tan sólo belleza.
¡Asombrada! recupero el aliento,
mi voz ausente retoma la palabra.
En medio de mi rasgada columna
crece un tallo sin raíces donde agarrarse,
quebrado,
cada fragmento converge
en un punto de fuga,
un desmesurado horizonte de enigmas.
Charo, octubre 2025

¡¡Precioso!!
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