El tiempo ignoto dispone los días
cabales en cada despedida.
Un vínculo inolvidable,
liviano por imposible,
abre la soledad
la
que siempre subyace.
Este enigma de existir
en eterno extravío,
en eterno duelo, impone
como el olor de la retama,
pudoroso y solitario,
la
mansedumbre del tiempo.
Cuando un bosque cierra la mirada
se pierde la eternidad,
y en el umbral de la muerte
invoco su presencia.
Inútil escuchar
el
rumor del río.
Piedad, octubre 2025

Un poema precioso!!
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