Era tarde tardía, sol de verano negro,
el padre muy diligente cepillaba los zapatos;
celestes manos bailaban.
En sus ojos, vidrio acuoso
fluctuaba el abandono,
boca de gesto ceñido rezaba.
La madre entre bastidores,
labraba tierras de nada;
caléndulas en su regazo
manjares de la hojarasca.
Sentada en la silla baja,
zurcía versos en lienzos,
horadando con ternura sus secretos.
Una luz tenue calaba sombra pobre a la persiana,
en la pared, muy atenta, una virgen enmarcada
y las cuentas del rosario colgaban en el armario.
Refugio del desamparo;
los oídos en el limbo, la mirada plegada.
El cuerpo en sopor desparramado.
Piedad, julio 2025

Cuanta belleza en las palabras de este poema. Describiendo una escena de la vida de dos seres que vivieron con un gran peso en las espaldas. Gracias por recordar en este precioso poema el sacrificio que tuvieron que hacer y que olvidamos con facilidad.
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