Desbrozando las malas hierbas,
el aire hiere la piel
en la profundidad del bosque.
Un rayo atraviesa la tierra
abrasa áridos zarcillos,
y arranca negras raíces
de emociones cautivas.
Un pájaro noctámbulo
liba la savia y picotea el corazón:
pulso que no responde a motivos,
reconoce la huella de la herida.
Sobrevivo con asombro,
entre ese sol
que ni se oculta ni se alza,
abriendo los pétalos del amor.
El vientre tenaz renuncia al olvido,
el murmullo del mar bajo la luna
rompe las cadenas de la noche,
mientras súbitas estrellas
vierten su color
hacia las rendijas abiertas
del tragaluz de los sueños.
Charo, julio 2025
Foto: Jardín Botánico Atlántico, Asturias.

Precioso poema. Sus palabras hablan de la herida y de cómo vivir con ella. En nuestras espaldas llevamos el peso de la vida. Lo importante es poder con sus consecuencias. Magnífica manera de definir la carga.
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