Hay una
ventana que grita,
un nicho que
se ha vuelto ocre,
en la honda
penumbra de su oquedad
un bosque
oscuro y frío
crece salvaje.
Desprende
fragmentos indelebles,
enredos de la
memoria.
Libero los nudos
ciegos con temor
con el lodo
húmedo de cedros y orquídeas
pegado en los dedos,
una
luciérnaga se ha quedado prendida
y un pájaro
extraño cruza de rama en rama
marcando un
profundo rastro
de sombras
aleatorias.
Un soplo
ligero en los párpados,
despeja el
follaje
y respiro con
los ojos cerrados
junto a los
húmedos castaños,
en sus raíces,
donde susurra un viento
que te empuja
hacia un mar de virutas luminosas.
Piedad, julio 2024

Magnífico poema que habla de las herbáceas que no nos dejan ver el bosque. Descubrir cómo ir desenredando tanta telaraña a veces cuesta. Poder ver el bosque es empezar a conocerlo. Preciosos versos.
ResponderEliminarEste poema me sugiere el valor que se requiere para adentrarse en la vida que crece salvaje y llena de oscuridad. Una vez sumergida en ella las sombras parecen aleatorias y al alcazar la luz que procura la conciencia se comienza a desenredar los miedos. Muy bueno, hace reflexionar.
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