Abarcar las palabras, y sentir su sombra,
su silencio, su enigma.
Abarcar la herida, su lugar elegido, a través
de su sangrante latido.
Abarcar el dolor, que se nos dio en la mano,
y evaporó la nostalgia.
Abarcar el borde de las ramas más afiladas
del duro invierno.
Abarcar los rostros, que nos abandonaron
en las sombras de la noche.
Abarcar los cuartos fríos, los mendrugos de pan
en el vértice del barro y del viento.
Charo, abril 2024

Hermoso poema sobre el dolor del mundo que no podemos curar.
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