sábado 02 2024

Gaza

                                                                                               “La rosa se hizo herida y los arroyos,                                                                                                     sed”

                                                                                                                                    Mahmud Darwish


 

Aúllan los perros plegarias a los muertos.

El temblor de un ave detenida 

repunta el cañoneo,

mientras crecen gritos ahogados 

de un llanto infinito.

 

Niños sin aliento llorando en los precipicios del frío,

retorciendo sus brazos menudos 

bajo la tierra,

semidesnudos y fáciles de quebrantar.

 

Buscando el sostén de sus raíces de escarcha.

Sus escasas pertenencias han sido sepultadas,

y agonizan de espanto bajo la tierra muerta.

 

El mal, antropófago de angustia y dolor,

esa víbora, se ha tragado sus sueños.

 

Sollozando en las jaulas de su destino,

con las manos vacías y 

los ojos abiertos al cielo.

 

 

Su horizonte se ha sembrado de polvo y cenizas,

tras las ruinas calcinadas:

levantadas sobre el barro de sus anhelos.

 

Esos sueños que rompieron 

las bombas que hienden la tierra, y, 

atraviesan el silencio.

 

Mariposas efímeras extinguidas por el fuego negro,

con la mirada perdida en 

un abismo de hambre y miedo.

 

Nadie articula sus nombres, 

nadie abriga sus cuerpos.

 

Heridos están mis ojos de lágrimas amargas

¡hay tanta rabia en mi rostro macilento!

Dolor, espanto y rabia.

No quiero olvidar lo que somos,

no puedo ignorar lo que hacemos.



Charo, marzo de 2024


                                                                            



La voz perdida

No me llegan las palabras para vivir,

me supera el acontecer del desamparo,

cada hecho cuestiona otro hecho

en un diálogo imposible.

Ojos y oídos atados por el miedo:

plegarias sin verbo ni destino

en los huecos informes del olvido.

Alegoría de un misterio

que no expresa su existir

en este mundo que desdeña la huida;

el desertar de las hojas mustias

sin esperanza en la senda seca,

solo ruido que no suena,

pero calma la derrota.

¿Cuándo saber del silencio

y poder hacer la pregunta?

Me sobra la voz,

cae desvalida por la garganta

hasta los campos de trigo.

En el callar está todo contenido,

pero se extingue

como chispas de brasas.

Y no puedo atrapar lo que comprendo

tan efímero, tan inmenso.


Piedad, marzo 2024