El sol camina a ciegas, se le quebró la belleza,
entre los fríos y pardos días
del pasado invierno
cuando cayeron las últimas nieves
sobre la esperanza.
Descubro instantes fugaces, en un ábside de luz
que sugiere la primavera,
¡pero son
tan pasajeros!
Miro tu lábil sonrisa anhelante de confianza
y deseo renacer
a tu manera sencilla y cauta,
Veo el iris de tus ojos,
que abren mis fronteras,
pese a que los campos aún están húmedos
de musgo y óxido
en lo profundo del bosque.
El paisaje es una proyección de mis cadenas
que tú desatas con manos
cálidas y pacientes,
Aunque me esconda
entre las arrugas de la piel,
tus dedos enhebran un hilo
sútil de encaje púrpura
que ata mi corazón vacilante a tu cándido sueño.
Mientras los líquenes de mi pecho,
-frágiles como amapolas rotas-
revelan las raíces tambaleantes y desnudas
que habitan en el fondo de mi grieta.
Charo, julio 2023

Cuanta belleza entre las palabras de este poema. Maravilloso.
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