Habito esta incisión anclada en las entrañas,
fragmentos de órganos distantes y cercados
atrapados en lo profundo; herrumbre pasada.
Oquedad de membranas grises, y surcos en la
piel: grutas en el pecho, yugo en la garganta
y ceniza en la mirada.
Sus huellas raptan la voz, detenida sin aliento.
hilo de verbos, silencio pesado en delirante final
Respirar; inhalar hondo, naufragar hacia adentro.
Ansiedad, latidos inciertos en espasmo violento.
Cansancio, pez que tirita en la orilla del pozo.
Gime el cuerpo y el alma se refugia en el viento.
El deseo besa la boca y el dolor rompe la
esperanza
contra esos muros que se alzan tras las alamedas,
dejando las alas rotas en los tejados de estrellas.
Se debilita el fuego entre las manos de piedra.
El corazón desnudo vierte sangre hacia la tierra.
Febril, sujeto extremos que apenas se reconocen,
Rendida, expiro sin miedo al fondo de las sombras
el cuerpo cae al vacío...
del espacio y de las horas.
Charo Fiunte, diciembre 2.022
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ResponderEliminarMagnífico poema sobre la dureza de la vida. Cuerpo y alma separados y a la vez unidos por el dolor de vivir. Preciosos versos sobre la lucha y la entrega.
EliminarBellísimo poema!
ResponderEliminarHermosa poesia. Toda una alegoría sobre la crudeza de la vida. Preciosos versos.
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