Y bendecida esconde su valor ante el clamor de sus dueños,
y se entrega alegre como colibrí a los brazos de un destino
dado.
Y canta serena y serena llora,
pues a su dolor nadie se asoma.
Hilandera de vidas y de lágrimas secretas,
compone su canción con hierro y piedra.
Reina en la casa, sube la noche, no dice nada,
ata el deseo, cose sus manos, no dice nada.
Y no le sale la risa ni la mirada alegre,
se las robaron de niña en terrenos secos.
Rodeada de guadañas y de telas negras,
como Penélope, tejiendo sueños, espera
entre campos de amapolas y polvo de arena.
Piedad, enero 2022
Magnifico poema a esas mujeres invisibles pero duras como piedras y eternas en su existencia vital.
ResponderEliminarGracias. Va por todas las madres de entonces y muy especialmente por la mía, castellana de pura cepa.
ResponderEliminarHermosa descripción de muchas madres, de nuestra madre, silenciosa y trabajadora sufridora que el viento se llevó su queja. Precioso poema.
ResponderEliminarGracias. Las madres de la renuncia. Cuánto callaron! Sobre todo la nuestra, castellana de pura cepa.
ResponderEliminarPrecioso Piedad. Cuanto callaron y cuantas lágrimas derramaron.
ResponderEliminarQué hondo. Y que real .