Oigo el murmullo de voces ausentes:
memoria de susurros y de palabras,
ojos y monstruos, no alcanzo nada,
apilados aclaman al fondo de la casa.
Sombras en la pared, de silueta mágica
figuras que acosan,
títeres que cabalgan.
Hombres buscando un hueco con la mirada,
caminan sin rumbo, en su tela de araña.
Pájaro nocturno con careta truncada
alas negras y graznido en la garganta,
vuelos dantescos, el infierno espanta.
Invaden pasillos; muerden el alma.
Silentes las noches serenan la estancia;
torbellinos de rostros, tras su luz pálida,
pupilas húmedas, parpadeos en la sala.
Siento unos pasos, van cerrando ventanas.
Se duerme su anhelo y, caen las máscaras,
el abismo del sueño abduce sus entrañas.
Ruiseñor en el cielo y caballitos en el mar,
el manto cubre la hondura de la soledad.
Charo Fiunte diciembre 2021
Bella descripción de aquel murmullo constante que acompañó la niñez. Y pese a ello la soledad siempre estaba presente. Gran poema tanto por su descripción como por su belleza.
ResponderEliminarMuchas gracias! Por tu interés y tu análisis.
ResponderEliminarQue hermoso Charo. Describes la soledad del mundo, de nuestro mundo en ese pequeño espacio que es el alma.
ResponderEliminarSiempre aprendo de vosotras.
Me alegro mucho que te guste. Son momentos de recuerdos de la infancia.
ResponderEliminarGRACIAS!!!
Gracias Carmen por leerlo!!!
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