Amanece taciturna la ciudad
bañada en nubes negras,
en la azulada madrugada
se encienden sus fábricas,
remolinos de humo ensucian sus rojos tejados.
En esas horas suaves,
el brillo espectral resplandece
y la maleza humedece
los asfaltos de los viejos
pasadizos, el rocío brilla en sus callejuelas.
Se escucha en sordina
el párvulo piar de gorriones,
distraídos en sus juegos
disfrutando confiados la vida:
su mundo es simple y completo cada día.
el aire silba feliz, sereno y cálido.
La ciudad se despereza agitando
la vida: los árboles bañan de oxígeno el cielo,
en un mágico dúo con el viento.
En su vivir, la ciudad
no se sorprende:
el tiempo es vanidad.
Su verdadero reloj de
arena
se vacía hacia atrás, como
los días que caminan veloces
las distintas primaveras.
La ciudad despierta
ajena
a la muchedumbre macilenta.
Charo Fiunte. Febrero 2021

Bello poema sobre el amanecer, indiferente al tiempo y a los hombres que caminan y no lo ven.
ResponderEliminarOH!!!Precioso,la vida que comienza con el nuevo día y nuevas esperanzas. Bellísimo !!!
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