Hoy el día ha llegado
con un ramo de flores blancas,
las he olido con recelo,
su hedor me ha pulsado las sienes.
Me asusta que lo siniestro
se cubra de aroma intenso,
me alerta que entre tinieblas
se reúnen los fantasmas.
A la muerte la conozco
envuelta en sábanas blancas
con un halo de extrañeza
que te encoge las entrañas.
Vienen, las flores, con envoltorio de plata
como las frías vainas que cubren las espadas.
sólo las he rozado y mis dedos se han encogido
en macabro escalofrío.
Una espiral de triste ausencia
se ha instalado en la mañana
disociando mis sentidos y
deambulando por la casa.
Si al menos el valor tuviera
de enfrentarme a su calaña,
¡mirar sin tapujos su fría cara!
sabría de su certeza y de su eterna amenaza.
Piedad, noviembre 2020

Muy triste y hermoso poema!!!
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