domingo 30 2020

CONFINAMIENTO

Fesal Chain,
desde Chile


Desde el virus biológico
epidémico
se instala el virus mental,
palabras locas al acecho
como un puma solitario
entre las calles,
sin nodos
sin intersección,
sin conexión alguna
sin unión.




viernes 28 2020

Post-confinamiento

 

Duelo

 

Se inicia un nuevo renacer, nuevos tiempos de cambio. Se ha detenido el aire y queda en suspenso. La respiración se tiene que hacer consciente porque ha quedado entrecortada. La vida transcurre más lenta, tranquila, no hay donde ir.  Los sentimientos y afectos en éstos meses sin certezas, se han transformado. El distanciamiento social nos ha hecho perder la ansiedad de esperar algo del otro. “ha sucedido y podría volver a suceder “ decía Primo Levi, en testimonios escritos del Holocausto , lo que nos coloca en una duda constante.

En estos momentos tan opuestos  al orden establecido, aparecen los silencios que nos revelan que estamos solos desde que nacemos .Este descubrimiento nos amenaza, porque hemos pasado de tenerlo todo, a enfrentarnos con la nada. Aprendizaje muy doloroso , porque abre una grieta en el centro del cuerpo, por donde se percibe el vacío que nos conecta con la tierra y la carencia. Nos vinculamos con lo que realmente somos y desconocemos y, el amigo sólo es tu propio espejo, no hay nadie ahí. El desamparo, al igual que en un duelo, es devastador y nos coloca en la orilla, sin destino,, en el caos.

Ojalá sirviera para poder dejar de ser seres enajenados, incapaces de pensar, y posicionarnos en otras dimensiones de la realidad,  no la del poder. Este tiempo de reflexión y aislamiento, nos está abocando temporalmente al despertar de la fragilidad, a desdibujarnos  . Quizá, podamos estar mas apegados a la tierra, a la naturaleza y a lo humano,  dejando de ser un objeto sometido. Ahora los deseos quedan para los ególatras que no pueden aceptar la existencia como una continuidad natural y como una pura contingencia.

Pero como soportar la angustia del no saber que hacer ,de no estar a la altura, con la frustración que conlleva el no ser valientes y fuertes , y mostrar las anomalías así, al desnudo. Pero si puedes verte ahí, amplias la mente y se podría aceptar lo que llevamos años ocultándonos por miedo a la soledad de ser diferente.

Pues solo a través de las sutiles formas que ha escogido ésta distancia social, encontramos lo alejados que estamos de lo que somos. En este sentido nos duele y nos enferma, reconocer que habíamos creado una pantomima, para sobrellevar esta carga tan pesada en la espalda. Mejor creer que el poder todo lo debe solucionar , que tiene todo atado para protegernos.  El pánico a cualquier decisión que dependa de nosotros, con toda esa responsabilidad, no se puede soportar, porque estaríamos a la intemperie,  sin nadie que nos sostenga, en la orfandad.

Entiendo, que de ésta idea, puede aparecer la paranoia de los qué no se creen nada. Si no hay quien  controle lo que está sucediendo , es que no existe. Para ellos esto es un bulo lanzado por la política mundial para tener a los ciudadanos controlados, alguien tiene que asumir esa hecatombe, o, sencillamente es no existe como tal.  Es difícil  sobrellevar el libre transcurrir de la naturaleza sin más.  Los conspiranoicos son los creyentes de la verdad con mayúsculas, creen en la fuerza de un discurso idealista . Para el materialismo político, no hay respuestas o soluciones rápidas para las causas de algunas realidades sociales . Por tanto hay que buscar culpables  para esa realidad, que es una consecuencia de la existencia misma, pues ha sido generada por el egoísmo omnipotencia del hombre.

Si se pudiera controlar todo, no existirían los movimientos naturales de la tierra : los volcanes, los tsunamis, o los terremotos. Y tampoco ocurrirán atentados , o, el hambre en el mundo, es decir la desigualdad. Es muy difícil convivir con esa terrible verdad. La naturaleza y lo humano no dejan de modificarse, luego no hay certidumbres. Pero el hombre al tener conciencia, ha necesitado  creer, ha querido estar mas allá de los dioses. Ésta pandemia provocada por la ambición que ha generado la globalización, nos está ensanchando la mente, y de nosotros depende que respiremos otros diferentes aires, e intentemos desargumentarnos.

Ahora nos movemos en otra etapa, aún muy cruel de ese aislamiento, y ésta nueva anormalidad debería hacernos reflexionar. El instante presente es como un duelo, y andamos cabizbajos buscando respuestas a tanta desazón. Espero que tanta ceguera en la que estamos viviendo favorezca poder seguir la senda de la indagación personal.

Charo Fiunte

25 de agosto de 2020



jueves 27 2020

SOBRE EL CONFINAMIENTO. EL RETORNO DE LO SINIESTRO

En este momento de quietud en el que la vida pide un respiro, siento que mis sentimientos, más amargos se agolpan en una esquina maltrecha, en tanto llaman con una fuerza descomunal a la espera de poder salir al viento para volver a dispersarse en la tumultuosa riada del mundo. Y mientras intento ordenar los hechos, me desborda una nostalgia que no me pertenece. Oigo las voces, veo los rostros, huelo el pesado aire que respiro inquieta, y me lamento. 
Descubro en todo lo que me rodea una fría capa de distancia, como si este aislamiento, lejos de crear afectos, dejara en carne viva la esencia del deseo. Poco se puede salvar entre tanta desidia, y solo aquello que siempre se mostró perenne en la adversidad puede quedar ileso. 

Me asombra, en el fulgor por la palabra, encontrar entre tanto desvarío la idiotez ceñida en las voces que antes no oía, parece que la frivolidad se apodera del espacio y del tiempo, como si surgiera de las entrañas de tanta compostura un frágil hilo a punto de romperse. 

Ahora todo tiene otro plano, otra forma de afectarse, una manera de alojarse en lo desconocido, pero no por ello extraño, el retorno de lo siniestro. Cada día es el mismo, cada instante, toda voz, toda mirada. Todo se repite cruelmente llenando los espacios de la casa, los sonidos más cacofónicos, los colores más taimados, los olores más putrefactos. 

Esta serenidad regalada me lleva a mí pesar a mirar de reojo lo nuevo, no sé si quiero verlo, pero se asoma de manera inquietante un paradigma que no afronto. Algo que revolotea en mi mente, como una imagen díscola que no logro alcanzar. 

No solo es el asombro, la perpleja situación que ahora toca vivir, esa soledad perversa que nos encubre una vez más, es más bien descubrir en ella lo cercano, lo cotidiano como aquello que nos enfrenta a nosotros mismos, allí donde se acumula esa realidad siempre impetuosa que atrapa cada rincón de nuestro ser. El terror de lo familiar, lo que conforma nuestro síntoma, y que ahora veo con cierta clarividencia como un maldito mantra que se empeña en devolverme al pasado. 

Como si las consecuencias de este extraño momento hubiesen llegado para despertar mis sentidos, ya sin estupor, me doy cuenta que verifico sospechas que siempre he albergado en mi interior, y que no pocas veces surgían ebrias en forma de martirio, sobre personas que forman parte de mi vida. Y así, mirando al pasado, veo con pena y dolor cumplir siniestramente aquello que de forma intuitiva sospechaba, que todos los afectos, los malos y los buenos, se anexan en nuestro entorno familiar. Descubro inquieta que no hay escapatoria sin dolor. No sé si puedo nominar lo que siento, lo que duele, pero creo que puedo agarrarme a ello para llegar a darle un sentido. 

Así, puedo comprobar que las relaciones que siempre fueron distantes nunca se acercarán y que las que se vivieron próximas nunca se alejarán del todo, y observo que cada relación mantiene de nosotros una debilidad o una fortaleza y que ambas cosas nos pertenecen. Y esta devastación, conocida pero no aprendida, asoma ahora de manera estrepitosa por cada poro de mi piel. 

Cada día es el mismo, se repite una y otra vez, y esta cadencia que este encierro manifiesta, ha dejado al descubierto una cara amarga de la realidad que ahora es imposible denegar. Es el vínculo más conocido, el inicio de todo, quien nos somete. Y si ya no queda casi nada de mí, la aflicción se convierte en vida, que es la mía, pero también es la de los otros. 

Y así, excluidos en la inclusión, disfrutando del dolce far niente, nos colocamos en la añoranza para sentirnos cómodos e intentar no volver a nuestro mundo, a nuestras rutinas, porque para muchos, quizá para mí también, esto supone encerrarse en una celda y haber tirado la llave, para poder usarlo como tapadera y buscar la huida de aquellos tiempos revueltos en los que se había instalado la serenidad del odio, del daño mutuo, no de la duda, no de la vida. 

Piedad Fiunte  Mayo 2020



domingo 23 2020

RUBÉN DARÍO "lo fatal", poema

 «LO FATAL»

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...
Rubén Darío, de Cantos de vida y esperanza (1905).



jueves 20 2020

EL VACÍO

              

Que pena haber perdido las alas y no poder elevarme,

desperté un día y me habían despojado de mi inocencia.

Siento asomar el hocico de la mordedura del hombre,

y una vaga náusea doblega pedazos de oscuridad

 

Escucho violines insumisos que espantan al sol

llegan vientos cargados de aromas fúnebres

destino y murmullo de nuestros vacíos vientres,

abismo del alma, ceremonia tumbal del tiempo.

 

Difícil encontrar el mundo sin trémula desesperanza 

pues ya siento el sabor amargo de la vida en la lengua.

El corazón inerte y los dedos quemados de espinas,

alzan muros que impiden vuelva a hallar la salida.

 

 

Charo Fiunte, julio 2020





FOTO: Albert Gyorgy
"EL VACÍO DEL ALMA"

G. CELAYA. Poema a Pablo Neruda

 Para estos momentos en los que se ha suspendido la vida.

Poema de Gabriel Celaya a Pablo Neruda
"Te escribo desde un puerto,
desde una costa rota,
desde un país sin dientes, ni párpados, ni llanto.
Te escribo con sus muertos, te escribo por los vivos,
por todos los que aguantan y aún luchan duramente."



LA VIDA

                             

Palpar con la punta de dedos esos dulces momentos
ir tras la huella estelar que aún brilla hacia al oeste,
invocar la agitada duda que hiere los sentimientos,
saborear de nuevo el amor que te dejaba sin aliento.

Recobrar las miradas sutiles de la luz de poniente
tejiendo entre verdes ramas el ardiente amor furtivo,
en el recuerdo quedan los bellos rincones prohibidos:
¡lo que soñaba como un todo ahora se torna en nada!

Se fueron las vibrantes risas de la blanca luz del alba;
el amanecer que regalaba perfumes de flores blancas,
palpitante y trémula la piel acariciando suave el alma.
Agoniza ya el cuerpo, aturde el dolor en las entrañas.

Los otoños nebulosos agostaron el marchito corazón
arrojando sueños al abismo de un despiadado silencio.
Se quedaron el valor y la fuerza en la orilla del tiempo,
infinitos veranos arrojados al hielo del olvido eterno.

Recuerdo juegos y cantos enterrados bajo los rostros
agitados por vientos que anuncian llegar la tragedia
vistiendo de dulces lágrimas el fulgor frío de la muerte,
donde sus cálidos torrentes servirán de savia para otros.


Charo, agosto 2020



domingo 16 2020

PANDEMIA


PARA TIEMPOS DE PANDEMIA


 Soy un alma desnuda

en estos versos,
Alma desnuda
que angustiada y sola
va dejando sus pétalos dispersos
Alma que puede ser
una amapola,
que puede ser un lirio,
una violeta, un peñasco
una selva y una ola.
Alfonsina Storni.

"lo fatal"



Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,                       
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,                    
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,                
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!… 


Rubén Darío, de Cantos de vida y esperanza (1905).