Siempre he transitado la tristeza
sin descanso, por calles sin nombre,
en el silencio de la nieve
con las pupilas dilatadas.
Siempre con un papel en blanco
donde inventar un nuevo paisaje,
un nuevo amanecer,
un lugar donde habitar;
el susurro de mis huesos.
Las rocas se posan en mi pecho,
entre el sol y la muerte,
los brazos ausentes y el alma
ovillada en la garganta.
Con las huellas cansadas,
busco una mañana soleada
que pose sosiego a los campos,
calle el zumbido de las abejas
y al implacable soplo del viento.
Piedad, febrero 2025

Qué belleza de poema!!
ResponderEliminarLa búsqueda de la felicidad, de la paz interior, del paisaje de tu vida. Tal vez lo tengas ya delante sin saberlo. Versos preciosos.