Las horas surcan la tierra baldía,
es madrugada,
el jardín sigue desolado,
se marchitó un abril sin primavera.
Entonces silbaba el viento
en los matorrales
y las lilas resplandecían su perfume.
Pero se quedó el hielo en la brisa,
el sonar de las caracolas
en los arrabales
y los gritos penetrantes de las aves
anunciando la derrota.
No queda nadie en las calles;
solo escarcha en los cristales,
almas perdidas y flores muertas.
Y yo, fugitiva de mí,
hallo hueco en las tinieblas,
en la quiebra del reloj
y en mi pálida voz partida.
Piedad, enero 2025

Precioso poema. Versos que hablan de soledad, de la búsqueda de un lugar imaginario donde se encuentre lo perdido. Muy emotivo.
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