viernes 06 2024

Una palabra

 

Solo hay tumbas en los labios yertos,

furtivo refugio de los versos que palpitan

en mis sienes.


Hay un puñal clavado entre los tibios vientres,

rompiendo las rosas, mientras los pétalos

caen devorados por el viento.


En las lindes del miedo, crecen amapolas negras

atravesadas por arados de sangre y angustia, 

dobladas por la fatiga y la niebla.


Manos y pechos vacíos, cuerpos avergonzados,

fundidos en el hastío del dolor.

Un naufragio indolente, habita la noche y el día,

olas que cortan como dagas, 

en un mar que grita.


La tierra herida llora en los latidos de mis ojos,

que contemplan un crepúsculo que agoniza,

ante un eclipsado horizonte devastado.


Seres, como estrellas perdidas, deambulan

sin descanso como frías burbujas huecas.


Todo es batalla, 

delirante cortejo que golpea,

una matanza de conceptos sin esperanza.


La memoria sumergida 

en su propio duelo,

ansía una palabra sin vértigo, 

una palabra,

que nos pueda redimir de tanto infierno.


Charo, septiembre 2024

  

                                                                                                                  



Vientos de otoño


En los pliegues de un velo translúcido,

anexa al cordón umbilical

como nube a su sombra,

no deja entrar la luz.

Me pregunto si ve el cielo despejado

en ese caminar sin rumbo,

o si, como Sísifo, repite un tránsito

de resistencia, esperando

romper el hastío que la empuja.

Tal vez quiera contemplar la belleza,

la extrañeza de lo imperfecto,

sentir el burbujeo de la sangre,

el sol parpadear en sus pupilas,

un halo inesperado, silencioso

tras la huella de sus pasos,

un enjambre de dunas,

posa calidez en sus labios.

Caído el pétalo de la flor, sueña

el gemido del otoño

evocando las esporas en el viento.


Piedad, septiembre 2024