En las frías noches melancólicas,
súbita y
apabullante, emerge un compás farfullero
alterando los
sentidos malogrados del tiempo.
Ácidos
presagios componen una lamentable melodía,
mientras la
casa se resquebraja
ante mi
perpleja quietud.
Sin cimientos
que cubran mi fortaleza,
la piel
desgarrada respira el polvo de la desolación;
sin sonidos
que cubran la extrañeza.
Una procesión
de notas discordantes
forma una
canción de cuna:
un ritmo
amargo que estremece,
lamento que
se clava en los oídos
descomponiendo
en pedazos el ser.
Un resquicio
de esperanza al alba
huye por la
niebla espesa de mis ojos
colmando de
un silencio apabullante
la vida que
se degrada.
Pues no hay
olvido al abrigo del dolor
ni perdón que
se pose en el alma.
Piedad, mayo 2024

Un poema triste que estremece el alma. Precioso y emotivo.
ResponderEliminarUn valiente y desgarrador poema en el que te atreves a sumergirte en la oscuridad de la noche donde lo racional se descompone y tomar conciencia de nuestra fragilidad ante el paso del tiempo, que con su implacable cancion de cuna, va erosionando nuestra fortaleza.
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