He labrado la tierra de la desdicha,
desdeñando cada surco
de huesos
macilentos.
¿Dónde poner
las raíces de tanto desamparo,
si cada día
me sugiere nada?
Falta el aliento y el temor se encrespa.
No puedo avanzar.
Mis pasos van
hacia atrás. Buscan
rescoldos en
el tiempo
caducado a mis espaldas.
Un miedo
evanescente,
impasible, como
flores de tumba,
quiebra el
amor a mi ser oscuro:
en el estambre
negro de las amapolas
se ve la
senda de lo inasible.
Este abandono…,
fusionado en
la piel añeja,
se vuelve lúcido ante la adversidad,
sacrificio que baja a los infiernos,
lugar
recóndito del olvido
en el
profundo mar del corazón.
Piedad,
noviembre 2023

Muy descriptivo y hermoso poema. Levedad cómoda a la que no nos entregamos y seguimos adelante día tras día.... precioso.
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