Hablar sin boca te sumerge en lugares ocultos
donde se ve el
viento soplar la superficie del agua
en infinitas
ondas dominando la distancia:
paréntesis guardando
la nostalgia.
Donde el crepúsculo,
protegido con
alambre de espino,
no soporta la
mirada,
y el deseo, majestuoso,
levanta su despedida
de la piel
fascinada. Y no sé
si
perseguirlo
o dejarlo
fluir por el río de la eternidad.
Quedarme en
la penumbra que deja el sol
cuando se
oculta
esperando los últimos reflejos
de la
tormenta en su despedida.
Quieta
seguir en la
orilla, ya sin sol,
en el umbral
de la piedra
mirando pasar
el río,
y ver la
quimera caer por la cascada
hacia lo más
oscuro de la existencia
donde el
silencio no habla.

Precioso Piedad. Que hermosas palabras que definen la personalidad. La manera de ir por la vida
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