Frente al silencio que me ofrece el alba,
y una sonrisa, mueca de dolor mudo,
busca un bálsamo fugaz
que sujete un día más
mi esqueleto.
Evitar el naufragio en el inmenso mar
caminando en el borde de la luna,
hacia el brezo morado
que ilumina el sol.
Galatea me somete a su reflejo
con la llave del día entre las manos.
Bajo un suelo de vertiente quebradiza
el espejo me mira fijamente,
¿qué ve?
el tiempo mascando el tiempo.
Otra vez
exprimiendo el agridulce de la vida.
Reseca alambrada son mis huesos
ya sin clorofila, un desierto rojo
con las noches frías,
solo campos de dunas
y la piel ajada de la sequía.
Piedad, julio 2023

Tristes palabras que contiene este poema que nos habla del paso del tiempo y de la esperanza de vivir el momento. Muy bello.
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